Algú ho havia de dir

Vaixell

“Famós fragment del raïm del Lazarillo de Tormes, on qui narra és el Lazarillo, i explica una de les múltiples històries que li van succeir amb el cec”

Acaeció que llegando a un lugar que llaman Almorox, al tiempo que cogían las uvas, un vendimiador le dio un racimo dellas en limosna, y como suelen ir los cestos maltratados y también porque la uva en aquel tiempo está muy madura, desgranábasele el racimo en la mano; para echarlo en el fardel
tornábase mosto, y lo que a él se llegaba. Acordó de hacer un banquete, así por no lo poder llevar como por contentarme, que aquel día me había dado muchos rodillazos y golpes. Sentámonos en un valladar y dijo:
“Agora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos este racimo de uvas, y que hayas dél tantas partes como yo. Partillo hemos desta manera: tú picarás una vez y yo otra; con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva, yo haré lo mesmo hasta que lo acabemos, y
desta suerte no habrá engaño.”
Hecho así el concierto, comenzamos; mas luego al segundo lance el traidor mudó de propósito y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debería hacer lo mismo. Como vi que él quebraba la postura, no me contenté ir a la par con él, mas aun pasaba adelante: dos a dos y tres a tres, y como podía las comía. Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano y meneando la cabeza dijo:

“Lázaro, engañado me has: juraré yo a Dios que has tú comido las uvas tres a tres.”
“No comí, dije yo, mas ¿por qué sospecháis eso?”.
Respondió el sagacísimo ciego:
“¿Sabes en qué veo que las comiste de tres en tres? En que comía yo dos a dos y callabas.”

Aquesta historia va ser escrita fa gairebé 400 anys. Les que us explicaré ara m’han passat recentment.

La primera d’elles té a veure amb la sanitat pública. Malauradament l’he hagut d’utilitzar bastant als darrers temps, després de molt de temps sense anar al metge. A començaments de novembre vaig estar a urgències gairebé tres hores esperant, i quan em va atendre la metgessa la vaig veure realment estressada, tant, que ni em va mirar durant els 5 minuts que va durar la visita, al cap de la qual tampoc es va acomiadar, ja que havia de marxar corrents, literalment, cap a un altre box d’urgències. No crec que fos desídia ni mala educació, sinó cansament i estrés. No m’havia passat mai. Però em va tornar a passar dies després amb altres persones dins el mateix hospital. Com que els humans hem de treure conclusions de tot, la meva va ser que les brutals retallades en la sanitat pública dels darrers anys devien tenir alguna cosa a veure. Ara ho patia en les meves carns. El que més greu em sap és l’agressió per part dels nostres governants, crec que se li pot dir així, a un dels sistemes públics de salut més eficients del món, i més encara la passivitat de la ciutadania davant d’aquesta agressió. De fet, la tendència de la ciutadania ha estat fer-se una assegurança privada de salut.

La segona historia em va passar a la biblioteca. M’agrada agafar la revista Time, ja que no es pot comprar a cap quiosc de les contrades. Precisament aquest fet em va atabalar quan vaig perdre l’exemplar que havia agafat en préstec. On podia comprar-la? Enlloc. La vaig buscar mil i una vegades per casa, i quan, resignat, vaig confessar el meu crim, així ho vivia jo, a la bibliotecària, dient-li que estava disposat a pagar el que fos necessari, ella em va contestar:-No et preocupis, no passa res-amb un ampli somriure, i allí va acabar la cosa.

La tercera història em succeeix indefectiblement cada vegada que pujo al tren. En aquestes ocasions no acostuma a faltar la persona que posa les sabates a sobre del seient del davant. Com que és superior a mi invariablement els demano que si us plau els baixin. Em fa mandra fer-ho, i una mica de vergonya o “reparo”, que es diria en castellà, i per això de vegades trigo una estona a fer aquesta demanda, encara que sempre la faig, perquè més a disgust encara em quedaria amb mi mateix si no ho fes. Doncs el que més em molesta en aquestes situacions no és tant qui actua així, com la passivitat de la resta del passatge, ja que al llarg de tots els anys d’usuari de tren encara no he vist ningú que cridi l’atenció als que així es comporten.

L’ultima història em va passar ahir, i és que davant meu una persona va llençar un plàstic al terra al carrer, aquesta mena de plàstics que serveixen per posar acreditacions a dins a congressos i esdeveniments d’aquest tipus, i que normalment es pengen al coll amb una cinta. Doncs per no ser molt descarat li vaig dir que se li havia caigut aquell plàstic, i ell, amb tota la desimboltura del món, em va dir:-No se m’ha caigut, l’he llençat-i va seguir el seu camí com si res. És evident que els missatges subtils poden ser molt inútils en certes circumstàncies.

Doncs no sé tu, amic lector, però a mi aquestes 4 històries que m’han succeït recentment em recorden a la del Lazarillo, escrita fa 4 segles, i per això he volgut encapçalar aquest article amb ella.

Els blogs de psicologia parlen normalment, aquest inclòs, de temàtiques relacionades amb la psicologia, clar. No obstant, el concepte de bé comú, és un pilar del benestar individual, i aquest sí que és objecte de la psicologia. No crec que es pugui cercar el bé individual deslligat del bé comú.

El tiempo es oro: el proyecto personal

Senyal

Hace unos días acabé de impartir el curso de Gestión del Tiempo que el ICS había encargado a institutpehuén para sus trabajadores en la Cataluña central. La verdad es que me gustaría repasar varias de las ideas básicas para mí del mismo.

Peter Drucker dijo que el tiempo es el recurso más complejo, y que quien no sabe gestionarlo no sabe gestionar nada. Esta frase es muy lapidaria, pero no puedo estar más de acuerdo con ella. De hecho, no hay nada de lo que podamos hacer o pensar que no necesite de ese recurso al que denominamos tiempo, lo cual lo diferencia de la totalidad de los otros recursos, que pueden ser necesarios para unas cosas, o muchas cosas, pero que nunca lo son para todas, como lo es el tiempo. Otra frase, que elegí para mis postales de navidad de hace un par de años dice que “somos el tiempo que nos queda”. En ella se nos sugiere que la condición para ser es que tengamos un tiempo para ello, de la misma manera que la condición para jugar al futbol es tener una pelota, por ejemplo. Y así, igual que sin pelota no habría fútbol, sin tiempo no habría ser.  También esa frase es una invitación a aprovechar el tiempo, a practicar el carpe diem. Pero ¿qué es aprovechar el tiempo? La respuesta que dábamos en el curso a tal pregunta era que aprovechar el tiempo es hacer lo más importante que en cada instante tienes la oportunidad de hacer. Dicho de otra manera, si en un determinado momento estás haciendo algo menos importante que otra cosa que podrías estar haciendo en su lugar, entonces, estás perdiendo el tiempo. Para ejemplificar esta idea les decía a las alumnas (la mayoría eran mujeres) que si en esos instantes tenían cosas más importantes que hacer que estar escuchándome a mí en el curso, entonces estaban perdiendo el tiempo. A este comentario seguían risas, y seguidamente yo les rogaba que se abstuvieran de hacer cualquier aclaración adicional.

El párrafo anterior nos lleva a la necesidad de determinar qué es lo importante para cada uno, y de lo básico que resulta saberlo con claridad para evitar perder el tiempo. El establecer lo que es importante para nosotros no es una tarea que se pueda delegar, aunque muchos quisieran hacerlo, o de hecho lo hagan. Victor Frankl, al que cito frecuentemente en este blog, dice que muchos esperan a que la vida les revele cual debe ser su papel en ella. Esperan a que alguna circunstancia, lugar, persona o Dios les ilumine. Esperan encontrar el camino. En definitiva: esperan. Señala que esa es una actitud errónea, pues no debemos preguntarle a la vida cuál es nuestra misión, y esperar a que ella nos responda de alguna manera. Por el contrario señala Frankl que es la vida la que nos pregunta a nosotros por nuestra aportación, y que somos nosotros y nadie más los que tenemos la responsabilidad, la obligación incluso, de responder. Esa es una tarea solitaria que suele dar pánico. Tanto, que podemos acabar delegándola. Si así lo hacemos nos libraremos del miedo a decidir, pero a un precio. El precio será que acabaremos haciendo en cada momento no lo que es importante para nosotros, sino lo que es importante para aquel o aquella que respondió la pregunta por nosotros.   Así, acabaremos siendo para otro, y por mucho tiempo que tengamos no acabaremos siendo realmente.

I ens hem fet grans nosaltres? ¿Y nos hemos hecho grandes nosotros?

People walking on the beach

La psicóloga Gemma Prats, con quien me ha puesto en contacto mi amigo Jacinto,  explica en una entrada de su blog titulada Els nens ja s’han fet grans http://gemmaprats.cat/els-nens-ja-shan-fet-grans/ como este verano ha estado en contacto con muchos padres de  adolescentes, y que ha podido constatar como muchos de ellos les perdonan casi todo a sus hijos, y afirma que tal proceder no les ayuda a estos jóvenes a convertirse en personas responsables.  Ella hace 20 años que decidió que no tendría hijos, y dice no arrepentirse de su decisión. Lo que más me ha impactado de su relato es la manera en que explica como esos mismos padres, a veces ante una única ofensa de alguna persona cercana a la que les unía un sólido vínculo forjado a través de los años, rompen la relación que tanto costó construir, y no perdonan.

Como  padre de hijo adolescente no me cuesta empatizar con esa descripción. ¿Los padres tenemos dos varas de medir? ¿Una para nuestros hijos y otra para las demás personas?  Y si es así: ¿Es la que se refiere a nuestros hijos excesivamente flexible? mientras que la que se refiere a los demás, ¿excesivamente rígida? Pues en mi caso he de reconocer que sí, y que Gemma Prats tiene toda la razón del mundo. De hecho hace algún tiempo que trabajo para, (qué difícil expresarlo adecuadamente) añadirle firmeza a  la  vara parental y quitarle rigidez a la vara  de las otras personas, por seguir con el símil de las varas de medir.

El motivo por el cual ese defecto en nuestras varas de medir está ahí es más difícil de discernir, seguramente. Pudiera ser que la sangre tuviera mucho que ver.  Es notorio en nuestra historia que el hijo de Felipe II conspiró contra su padre, y que éste personalmente se encargó de detenerle, encarcelarle y dejarlo morir de hambre.  Este ejemplo contravendría lo que hasta aquí  venimos diciendo, además de ser muy poco latino, por aquello de que por estas latitudes al que es de la tribu, y ya no sólo al hijo,  se le perdona todo. No obstante, nos podría ayudar a entender  en parte el proceder de Felipe II el hecho de que su padre,  (Carlos V) fuera  alemán.

También pudiera ser que en las maneras inadecuadas de nuestros hijos no fuéramos capaces de reconocer nuestros desaciertos como padres, pues alguna responsabilidad debemos tener en esas maneras inadecuadas. Y pudiera ser que ese no reconocer nos llevara a perdonar primero y a olvidar después. O sea, que pudiera ser que nosotros mismos no hayamos sabido enseñarles las buenas maneras a nuestros hijos, sea por una insuficiente dedicación a ellos, porque ni nosotros mismos las hemos adquirido, o por lo que sea.

Pero también puede ser que en el intento de educar a nuestros hijos, nos  acabemos educando poco a poco a nosotros mismos como resultado colateral. Quiero pensar que algo así me acabará pasando a mí algún día con mi hijo, y que cuando él vuele me dejará de herencia esa educación. ¿Quién sabe?, si algo así acabara sucediendo estaría muy justificada la manga ancha para perdonar. Entonces,  una vez bien educados, nos sería más fácil prescindir de las varas de medir, y escuchar, y por tanto reconocer realmente a los demás.

La gelosia en els infants, consells i reflexions

Psicoterapeuta infantil
En tant que sentiment/emoció, la gelosia, té unes característiques que la fan mereixedora de connotacions negatives molt arrelades en la nostra cultura. És una emoció vista com a negativa i això propicia el fet que experimentar gelosia estigui mal vist pels altres. Tendim a amagar aquesta emoció, ocultar-la per no fer patir, i patim nosaltres. Ens podem preguntar: quin origen? Que origina la gelosia en un nen petit, en un germà o cosí. I en un adult?
Els adults també sentim gelosia, quan? Quan ens enamorem… quan sentim que l’altre no ens estima, quina prova d’amor…els nostres fills poden experimentar aquesta emoció en veure que arriba un altre germà a rebre tot d’atencions i cura, on abans només estava ell, fet que implica un canvi jeràrquic: passant a ser germà/na gran.
Com podem observar la gelosia en un infant:
Agressions
desobediència
inapetència
enuresi
reclusió
no jugar amb el germà
conductes regressives (fer la pipa, voler fer servir bolquers.)
pors i angoixes superades
afecció per la mare.
Que fer?
Acceptar el conflicte com una experiència que forma part de la vida i que anirà solucionant-se progressivament amb un bon ambient familiar. Però si les dificultats s’agreugen llavors es un bon moment per acudir a un especialista.
Les emocions son reaccions que acostumen a complir una funció adaptativa. El fet de no identificar la gelosia en els nostres fills pot comportar una cronificació del conflicte. El pas oportú és conèixer les pròpies emocions, la dels adults, per entendre els nostres infants. Podem fer un treball personal per saber, quan no volem saber… això té a veure amb la nostra capacitat de reconèixer les emocions pròpies i alienes. En definitiva amb la regulació emocional. Si els adults sabem regular les nostres podem ajudar millor als nostres fills a regular les seves.
Coses pràctiques
No es poden evitar totes les baralles, s’han d’evitar les que siguin massa violentes o facin servir agressió física. Un desacord s’ha de poder gestionar entre ells (per exemple, germans) perquè puguin aprendre actituds de renuncia o negociació.
La gelosia i els fills únics
Hem comentat que la gelosia es una emoció normal que serveix en l’adaptació, per tant, també pot aparèixer una rivalitat en aquest cas, que es demostrarà cap a un dels progenitors. Així, és convenient ubicar el nen en la seva posició de nen com els altres, evitant que prengui decisions entre adults.
Vanessa Postigo
psicòloga sanitària 22047 a Institut Pehuen
Referencia de lectura
Françoise Doltó (1981)¿Niños agresivos o niños agredidos? Ed Paidos-Donaire: Barcelona.

Las preguntas adecuadas

Les preguntes de la vida

El pasado 16 de diciembre Carlos Chimpén, presidente de la Asociación Española de Terapia Narrativa, AETEN, nos regaló una conferencia a l’Associació de Psicòlogues i Psicòlegs de l’Anoia. La terapia narrativa postula que elegimos una historia, una narración, para explicar lo que somos. A esa historia se le llama historia dominante, y en función precisamente de ese dominio sobre todas las demás historias posibles, la dominante ejercerá una influencia poderosa sobre la persona. La historia dominante puede decir, por ejemplo, que yo soy una persona incapaz de ofrecer a los demás algo que a ellos les satisfaga, sea diversión, cariño o seguridad. Puesto que es dominante, me comportaré de acuerdo a tal historia, y creyéndome incapaz de ofrecer a los demás algo que les satisfaga, realmente dejaré de estar concentrado en ofrecérselo. Si tenemos en cuenta que conseguir algo que no es fácil, es decir, algo que merezca la pena, requiere de toda nuestra atención, el hecho de que ésta se vea invadida por expectativas de fracaso estimulará que el resultado sea precisamente un fracaso. Así, los resultados de mis acciones me confirmarán mi incapacidad para ofrecer a los demás algo que a ellos les satisfaga. De este modo, la historia dominante lo será más aún cada día.

¿Qué podemos hacer, entonces, para cambiar la historia dominante? La respuesta es cambiar las preguntas.

El mismo Carlos me explicaba, de regreso a su hotel, al que yo le acompañé al termino de la conferencia, y de una cena en el Bar Barcelona, sencilla en lo gastronómico pero rica en las historias que el público asistente a la conferencia, y que se sumo a la cena, compartimos con Carlos, que lo que él aprecia son las personas que le den no las respuestas adecuadas, sino las preguntas indicadas. Después ya se encargará él de buscar las respuestas.

Pues es una nueva pregunta la que puede propiciar una nueva respuesta. Y así, a la persona del ejemplo le podríamos preguntar: ¿Explícame cuando has podido dar a alguien algo que apreció? La respuesta será una excepción a la historia dominante, y esa excepción puede actuar de semilla que traiga a la palestra más excepciones, hasta que con el conjunto de esas excepciones podamos construir una historia alternativa.

Es tremendamente estimulante encontrar una alternativa a algo, pues esa alternativa amplia nuestras posibilidades, y nuestra visión de las cosas. Y también de las personas.

En el conflicto y el enfrentamiento es donde las historias dominantes más sofocan a las alternativas. En los divorcios traumáticos, por ejemplo, además de una historia dominante acerca de quién es uno mismo, cada parte tiene una historia dominante que explica quién es el o la ex. Estas últimas historias suelen tener un título que las resume perfectamente. Uno muy típico es: Mala persona.

No obstante, las historias alternativas nunca mueren. Siempre están disponibles si, a pesar de todo, hacemos las preguntas adecuadas. Y en el más turbulento de los conflictos pueden emerger si las estimulamos con el alimento que las fortalecerá, y las hará realmente una historia alternativa a la dominante. Ese alimento será la pregunta adecuada, como por ejemplo ¿Explícame cuando tu ex. es una buena persona?

Estar contento o ser feliz; Ahora sí

El otro tema del que hablamos en nuestra clase improvisada en la cafetería fue sobre el que trata el título de este escrito. Allí concretamente una alumna le preguntó a un alumno si estaba contento o era feliz. No me acuerdo en absoluto de la respuesta del alumno, porque en el momento en que escuché la pregunta toda mi atención se centró en ella, y en sus implicaciones, y dejé de atender a la respuesta.

La primera implicación de esa pregunta fue para mí que estar contento y ser feliz eran dos cosas diferentes, y que por lo tanto podían ir juntas o separadas, es decir, que aunque se puede estar contento y ser feliz, también se puede estar contento y no ser feliz. O se puede ser feliz y no estar contento. Y enmarañando más la cosa, ¿Podría ser que la una estuviera en contradicción con la otra? Es decir, ¿que por estar uno contento se cerrara la puerta a la posibilidad de ser feliz? ¿O que la felicidad supusiera la imposibilidad de estar contento?

Vamos a intentar arrojar un poco de luz sobre el asunto. Podría ser que uno buscara la satisfacción en los pasatiempos del día a día. En la televisión, en el cine, en la práctica del deporte o en su seguimiento a través de los medios de comunicación, por poner sólo unos pocos ejemplos; podría ser que uno dedicara la mayor parte de sus esfuerzos a buscar estar contento, empleando una gran cantidad de energía en estar bien. Y podría ser que precisamente ese anhelo del bienestar alejara a la persona del compromiso con principios suyos fundamentales que requieren un esfuerzo, y que son por tanto difíciles de conseguir, pues suponen un camino pedregoso y lleno de dificultades, y no exento, por tanto, de sufrimiento. Así, el de la felicidad podría ser un camino que no implicara estar contento siempre, o la elección constante del bienestar.

Así, el camino de la felicidad podría ser un camino de renuncia a lo accesorio para elegir lo fundamental. Dicho así no parece esa una elección difícil de hacer. Pero lo accesorio y lo fundamental cuando están mezclados son difíciles de discernir, y más si por lo deprisa que vivimos dedicamos poco tiempo precisamente a eso, a discernir, y si lo accesorio, además, es lo más divertido, o lo más llamativo, como suele suceder, o lo que más nos entretiene, o lo más fácil de elegir. En esas circunstancias lo fundamental queda en un segundo plano y es lo más probable que la inmensa mayoría lo descartemos. Así, quien entonces elija el camino de lo fundamental será un bicho raro, y por ello será ese un camino que deberá recorrer en solitario, jalonado por el desprecio de los que eligieron el otro camino. Y ese desprecio continuará hasta que algunos, no la mayoría, se den cuenta de que el que realmente eligió su camino fue el bicho raro, y que ellos, más que elegir, fueron elegidos por el camino, o seducidos por él. Podría ser.

La segunda implicación de la dicotomía entre estar contento o ser feliz, que se me presentó cuando escuché la pregunta de la alumna en la cafetería, es que estar contento hace referencia a un estado y ser feliz a algo más profundo como es ser algo. Y que por ello no sería casual el verbo que acompaña a los adjetivos contento y feliz. Se está o no se está contento. La condición de contento es, así, un estado. Y los estados son temporales, inestables. Ahora estamos contentos pero más tarde podemos no estarlo. Respecto a la felicidad, el hecho de utilizar sobre todo el verbo ser, en lugar del verbo estar, para definir en qué medida la hemos alcanzado, significa que entendemos la felicidad como algo más profundo que un estado, y más estable. No soy de una manera ahora y más tarde de otra, aunque pueda cambiar mi comportamiento de un día a otro. Lo que yo soy hace referencia a algo interno, que permanece estable de una situación a otra. Y aunque no soy otra cosa que el conjunto de mis acciones, es decir, de mis decisiones, ese conjunto de acciones y decisiones tiene una tendencia personal, marcada, que precisamente por eso define quien soy yo.

Y creo que aquí se conectan todas las implicaciones que de la dicotomía entre el estar contento y el ser feliz vinieron a mi mente en la cafetería. Estoy contento cuando sucede algo que me gusta, pero cuya ocurrencia es independiente de mí: como cuando mi equipo de futbol gana. Soy feliz cuando sucede algo que me gusta y en cuya ocurrencia he tenido parte activa: como cuando mi equipo de futbol gana conmigo como jugador.

Así, podría ser que estar contento tuviera más que ver con circunstancias fortuitas, bastante ajenas a nosotros, y más inestables. En cambio, ser feliz podría tener más que ver con cómo uno es, lo cual sería resultado de lo que uno hace, de lo que uno elige hacer, y con las cosas que van sucediendo en la vida de uno como consecuencia de todo ello. Y sobre todo con las personas que nos vamos encontrando por ese camino que vamos eligiendo.

Podría ser.

Jose Fernández

PUBLICIDAD:

El autoconocimiento es la piedra fundamental, y primer componente, de la Inteligencia Emocional. Realizamos cursos y talleres de Inteligencia Emocional en nuestros centros de psicología en Igualada: Institut Pehuén (www.institutphuen.com) y Manresa. Institut Pehuén, Psicología y psicólogos también en Manresa y Bages.

Estar contento y ser feliz

El lunes pasado trasladamos el aula a la cafetería. Teníamos clase del curso de Inteligencia Emocional, y por diversas circunstancias acabamos por no movernos del lugar en el que suelen quedar los alumnos para hacer un café antes de dirigirse al Institut Pehuén.

La primera de esas circunstancias fue que una alumna le envió al grupo de watsapp un video sobre un adolescente que se había suicidado, comentándome que le gustaría hablar sobre el tema. Como no todos lo querían hacer, quedamos en que los interesados lo hablaríamos tomándonos un café, fuera del aula. El video en cuestión muestra a un chico de 15 años explicando los motivos por los cuales se va a suicidar a continuación. Básicamente dice que ha sido muy feliz en esta vida, pero que quiere reencarnarse en otra persona para vivir otra vida todavía mejor. Lo que más me sorprende es la naturalidad con la que lo explica, como si suicidarse fuera una decisión más de las que uno debe tomar a lo largo del día. Está acompañado mientras da estas explicaciones, lo cual aún le da más naturalidad al asunto. Hablamos en la cafetería de muchas cosas en relación a este acontecimiento, pero una de las más importantes fue sobre la libertad, o no, que tenemos para disponer de nuestra vida como queramos, incluso para acabar con ella si así lo deseamos. Para decirlo brevemente, yo pienso que somos libres de vivir como queramos, pero no de morir como queramos. Hay quien dice que el que no le tiene miedo a la vida, tampoco se lo tendrá a la muerte, relacionando la manera cómo se vive con la manera cómo se muere. También se dice que el miedo a vivir es un suicidio cotidiano, queriendo decir que la verdadera muerte consiste en no vivir con plenitud, o al menos intentándolo hacer.

No quiero liar la troca, simplemente hacer constar lo inexorablemente unidas que están la vida y la muerte, y lo difícil que es entender la una sin tener en consideración a la otra, y viceversa. En el caso del video, creo que lo más punzante, lo más espeluznante, es el poco respeto que el adolescente le tenía a esta vida. Por los motivos que fueran nadie le había enseñado a amar la vida, o más bien dicho, a amar esta vida, ya que lo que más le motivaba a acabar con ella era el deseo de la reencarnación en otra mejor. Es posible que alguien sí le enseñara a amar otra hipotética vida. Es hasta muy probable. Pero por ningún rincón del video aparece rastro de amor hacía esta vida por parte del adolescente. Es como si esta vida no fuera más que un entretenimiento mientras llega la que vale la pena. Desde ese punto de vista, acabar con ella sería un acto que hasta podría ser considerado loable. Considerar la vida como un simple trámite es lo que hacen también en los templos religiosos, ¿no? aunque sí que es un detalle que en ellos nos alerten de que no hay atajos para llegar a la auténtica vida, y que suicidarse es hacer trampas, y que al tramposo no se le recompensará con ella. Esto es a lo más lejos que llega el catolicismo en lo que concierne a transmitirnos amor por esta vida.

A mí, a pesar de que el adolescente pide que divulguemos el video, pues parece querer transmitir que está ante un momento solemne que así lo demanda, paradójicamente me cuesta pensar en un acto de menor trascendencia. Estoy satisfecho con mi coche, pero me apetece uno mejor. Cámbiese en la frase anterior el nombre por cualquier otro: ordenador, vivienda, trabajo, ropa, etc. y estaremos ante un hecho muy cotidiano. Y ya puestos, ¿por qué detenernos hay?, ¿Por qué no buscar la satisfacción plena y pedir más? Si cambiamos el nombre para dejar la frase como sigue: Estoy satisfecho con mi pareja, pero me apetece una mejor, nos encontraremos también con una realidad muy habitual. Pero aún podemos ir un paso más allá, como hace el adolescente. Así, su frase: Estoy satisfecho con mi vida, pero me apetece una mejor, impacta pero no refleja para mi más que un acto de frivolidad consumista, llevada, eso sí, hasta el límite máximo.

Y todo porque al chico no le enseñaron a amar esta vida con toda su alma. Todo porque no le enseñaron a amar y a respetar lo que tenía, pues la vida es lo único que realmente tenemos y es nuestro de verdad, aunque sólo durante un tiempo. Le enseñaron, por el contrario, a amar y desear lo que no posee. Esa es en realidad la esencia del consumismo, por mucho que éste se pueda disfrazar, como intuyo que fue el caso, con inciensos y aromas espirituales: amarás aquello que no poseas, (y así alguien te lo podrá vender). A veces me pregunto si esa es la esencia, también, del ser humano.

Y todo porque el chico no se encontró con gente como el dibujante al que ayer entrevistaron en la sección Factoría Sensible, del programa que dirige Kílian Sebrià, y que creara el fallecido Joan Barril, otro amante de la vida, dicen. Este dibujante, que fue fundador de la revista El Jueves dijo: Cada mañana cuando me despierto, y por lo tanto constato que sigo vivo, pienso: Uff!! Qué bien. Lo demás es secundario.

Jose Fernández

p.d: Sé que el título del artículo no tiene nada que ver con lo que he hablado. Ello responde a qué quería hablar sobretodo del tema al que hace referencia el título, tras una breve mención del tema que ha acabado alargándose y monopolizando el escrito. Dejo el título original por pereza, por un lado, y como recordatorio de lo que quería hablar en realidad para la próxima vez que lo haga, por el otro.

PUBLICIDAD:

El autoconocimiento es la piedra fundamental, y primer componente, de la Inteligencia Emocional. Realizamos cursos y talleres de Inteligencia Emocional en nuestros centros de psicología en Igualada: Institut Pehuén (www.institutphuen.com) y Manresa: Centre de Psicologia Carme Bosch (www.carmebosch.net) Institut Pehuén también cuenta con servicio de psicología en Manresa y la comarca del Bages.

Fase terminal

(Aquest és el text d’una client escrit com a tasca de reconstrucció autobiogràfica a teràpia, i que ha volgut compartir, canviant els noms dels protagonistes. És colpidor, i tant bonic, que és gairebé impossible llegir-lo sense plorar):

Vuit mesos de fase terminal d’una mare, la persona que més t’ha estimat i protegit al món, i que més irrenunciable et sembla, deixen una petjada inesborrable, per anys que passin.

Per l’horror, que mai fins llavors no havies ni tant solt intuït, per la rapidesa amb què t’ha tocat endurir, i per l’habilitat amb què has hagut d’aprendre a moure’t entre gent a qui el teu drama ben poc importava.

I també per la cruesa amb què la naturalesa t’ha mostrat, amb tota claredat, que en el seu àmbit no compta la compassió, només la llei de la supervivència.

I enmig de tant d’horror i desesperació, la felicitat, que és molt tossuda, treu el cap.

La felicitat que suposa poder omplir de petons i paraules de tendresa aquella marona, la meva, que tan esquerpa i poc petonera havia estat sempre, i de rebre, a canvi, somriures i abraçades i paraules que mai m’havien fet sentir tan estimada.

“ És que a mi, m’agradaria estar sempre amb tu ” , em va dir el primer dia d’ingrés a l’hospital de Sant Pau de Barcelona, on va arribar des d’Igualada a les portes de la mort amb una ambulància medicalitzada que els metges van haver d’improvisar urgentment.

I jo, que, a partir d’aquell moment , ja no em vaig moure del seu costat. Ni de nit, ni de dia.

Van ser tres setmanes d’alts i baixos, i de dies molt crítics, en què ja semblava tot perdut.

Però estàvem en mans del bo i millor en cardiologia, i de metges, aquests sí, d’una gran humanitat. Mai els ho podré arribar a agrair tant com es mereixen.

Doncs d’aquells dies, per mentida que sembli, en recordo estones d’alegria i rialles, les de la meva mare i la seva companya d’habitació, la Carme, una benedicció del cel!!!!

Trasplantada de cor, era un dels casos més complexes de la unitat de cardiologia, perquè cap medicació contra el rebuig li acabava d’anar bé. Mare de dos fills adolescents, abandonada pel marit quan eren petits, i amb una germana lleugerament deficient que també vivia amb ells.

Ens divertia, així que la situació ho permetia, amb un grapat d’acudits , amb històries familiars i còmiques anècdotes de l’hospital. Fins i tot el cap de trasplantaments va entrar un dia encuriosit de tanta gresca!!!! La Carme i ma mare s’acabaven d’assabentar que les enviaven cap a casa uns dies, i una i altra s’entretenien a imaginar mil i un tiberis amb què s’afartarien tots aquells dies sense metges.

Va ser una amistat de les més autèntiques que hi pot haver. En aquella unitat, els pacients no tenen per costum telefonar-se més enllà de l’ingrés en què han coincidit, per por que l’altre hagi mort mentrestant. Però al cap d’uns dos mesos la Carme em va trucar. Encara sento els plors per la mort de la meva mare. Trencava el cor.

Reculem i tornem al moment en què vam tornar a casa després del primer ingrés a Sant Pau.

“Només hi podreu estar tres o quatre dies, perquè de seguida tornarà a tenir els pulmons plens d’aigua” ens havien advertit els metges de Sant Pau.

Vam durar a casa tres setmanes , l’últim regal.

Durant aquelles tres setmanes, per fi, la meva mare, amb només 40 quilos i un estat de debilitat extrema, en cadira de rodes i sense forces, ni tant sols, per tombar-se tota sola al llit o aguantar-se dreta, va fer realitat l’últim somni pendent. Estrenar aquell pis tan preciós que vuit mesos abans havia comprat, al mateix replà que el nostre, i que tan bonic havíem moblat i amb tant d’esforç havíem arreglat. Un pis amb una vista privilegiada, i un sol espatarrant, des de primera hora del matí fins a la posta. Era primavera.

“ Posa’m de cara a la vista, que ho vull mirar bé” . I allí ens estàvem, totes dues, contemplant el paisatge.

I amb l’excusa de visitar el pis nou de la Maria, un grapat d’amics de tota la vida que van anar desfilant per casa, a fer-la petar. I d’aquesta manera, evitar el desgraciat impacte d’anar rebent visites pel fet d’estar molt malalt, senyal inequívoc , sovint, que la mort és a la cantonada.

I entre la meva mare i jo, i el meu germà, que també va venir, el Joan, el meu marit, que amb la seva simpatia i tendresa aconseguia fer riure de gust la meva mare. Com aquell dia que, a l’hora d’anar a dormir, ens el vam trobar tot seriós, assegut a la cadira de rodes amb la bata posada i la xarxa per no despentinar-se lligada al cap !!!!!!!

Un bon dia van trucar , i algú va pujar un ram preciós de roses, moltes roses, totes vermelles, la flor preferida de la meva mare. I una targeta. “ Deu ser un error, qui m’envia això ????” I una carona d’il.lusió que no es pot pagar amb diners. Del Joan, el Lluís i l’Anna!!!!!!!!!!

Aquell dia, la meva mare va fer 60 anys.

Més records entranyables . Una mica cansats, ja, de tantes visites, la meva mare, el Joan i jo vam decidir escapar-nos de casa en diverses ocasions abans no truqués ningú, per fer una passejada. Anàvem fins a Collbató o el Bruc, ens miràvem Montserrat una bona estona, i entràvem en un bosc. Hi estàvem només uns minuts, perquè la meva mare ni tant sols asseguda al cotxe podia suportar l’esforç gaire estona. Però amb només uns minuts d’estar enmig de la natura, tornava a ser feliç.

Com també ho era amb els dinars que jo li preparava. Sense gens ni mica de sal, sense pràcticament ni oli, i ella, que deia que tot era tan bo !!!!! I a mi, m’agradava tant que m’ho digués….

Encara avui no sé qui sentia més llàstima de qui. Si jo d’ella, o ella de mi.

Tres setmanes en què la meva mare tampoc no va deixar de banda el seu aspecte físic. Va fer venir la perruquera a casa, la mateixa que cada setmana i durant un munt d’anys l’arreglava, perquè la deixés ben pentinada, i amb les millor arracades posades, va anar rebent una visita rere l’altra.

L’últim dia d’aquella escapada a casa va ser per fer una de les coses que més l’omplien, va ser per anar a comprar llibres. Era Sant Jordi, i ella, molt bona lectora, va voler anar, tant sí com no, a mirar les parades.

Però el final de Sant Jordi va ser dur. “ No t’ho havia dit, però ja fa dos dies que tinc soroll d’aigua al pit”.

I va ser així que va arribar un altre ingrés a Sant Pau. El darrer i definitiu.

Era el final, i tant ella com jo ho vèiem venir. Cada dia que passava ho refermava, implacable, lent, però segur.

I d’aquells últims dies, les lliçons de coratge, de lucidesa i de saviesa que la meva mare em va donar, i que m’han acompanyat fins ara, i m’han servit per plantar cara a l’adversitat tantes vegades com se m’ha presentat.

El coratge de suportar unes quantes vegades més, sense ni tant sols protestar pel dolor, les punxades de les infermeres per intentar trobar una vena vàlida per on fer entrar la medicació.

La lucidesa de dir-los que “ és que jo me’n vull anar….” I on vols anar, Maria, tan dèbil com estàs??? “ me’n vull anar al cel “.

La saviesa d’aprofitar uns minuts que es va poder aguantar dreta per mirar un pardal que saltava d’una branca a l’altra a l’arbre del davant de la finestra. Un pardal preciós. Com ella.

Vam tenir molta sort. El cap de trasplantaments de cor de l’Hospital de Sant Pau era, a més d’una eminència, un autèntic senyor.

Ningú ens va fer marxar, ens van donar una habitació per a nosaltres tots sols, i a la meva mare la van ajudar a morir amb el mínim patiment possible.

No hi ha paraules per agrair una cosa així…….

L’endemà d’haver mort, veient un camp de blat d’un verd meravellós, li vaig prometre a la meva mare que amb els meus ulls veuria a partir d’aleshores tot allò de bonic al món que jo pogués veure. I encara ara li dedico paisatges.

Lujo y elegancia

Todo problema mental o dificultad psicológica se puede entender como un ataque a la libertad de la persona, como un obstáculo que amenaza su posibilidad de convertirse en aquello que puede llegar a ser. (M. Villegas)

Leyendo un artículo de Joan Ollé publicado en el periódico en el verano de 2008, y cuyo ejemplar quedó en un arcón de nuestra caravana, allá en Ribera de Cardós, junto a otros objetos como la escoba para limpiar el avancé, la maza para fijar sus piquetas en el suelo y el carbón que sobró en antiguas barbacoas compartidas con amigos (quien sabe si antiguos ya también) me deleito con la distinción que hace el autor, al que admiro profundamente desde que lo descubrí en las encíclicas radiofónicas del Café de la R-Pública, y trato siempre de seguir y leer desde entonces; me deleito, como decía, con la distinción que hace en tal artículo entre lujo y elegancia.
La etimología de la palabra lujo está emparentada con la de la palabra lujuria. Es la desmesura lo común a ambos conceptos. La ostentación que asume que, más y más caro, es mejor.
Por el contrario, sigue Joan Ollé, la palabra elegancia está emparentada etimológicamente con legere(leer) y eligere(elegir). Todo lo que yo pueda decir ahora, ante la fuerza con la que la etimología nos sugiere y nos sugestiona, está de más. Pero como llevado por el prejuicio considero que este artículo aún es corto, voy a seguir un poco más, aún a riesgo de estropearlo.
Por tanto, la elegancia tiene que ver con legere, o con la cultura (la etimología de la palabra cultura, a la que también he accedido por Ollé, se merece un artículo ella sola), y ambas, la elegancia y la cultura, tienen que ver con eligere, es decir con la libertad. Así, la etimología, ese lugar en el que la sabiduría de los siglos se ha sedimentado de la forma más democrática y participada jamás conseguida*, nos dice que no hay libertad sin cultura. Fernando Savater expresa lo mismo cuando dice que no hay elección auténtica cuando no hay información verídica y relevante que la permita.
Y ahora quiero pedir al lector que vuelva a reparar en el párrafo de introducción de este artículo, en el que cito a otro erudito latinista al que tuve la suerte de encontrarme en mi primera clase de mi primer día en la universidad, cuando aún un poco asustado, o quizás más que un poco, entré en su aula tarde y sin saber muy bien si me equivocaba de clase. No lo hice, y 25 años después recuerdo aquella lección, de la cual me perdí un trozo, como la más importante de todo mi periplo universitario, quizás la que le dio sentido a todo lo que vino después.
Así, podría muy bien ser que la elegancia máxima no tuviera que ver únicamente con la ropa que te pones o te dejas de poner, con los sitios a los que decides ir o no ir, con la forma de decorar tu casa, si la tienes. Pudiera ser que estuviera también en la facultad de elegir a cada momento qué haces con la hora que tienes por delante, con el día que se erige ante ti ofreciéndote múltiples caminos. Estaría la elegancia en la lucha por mantener a la vista y desbrozados esa multiplicidad de caminos a elegir, sin quedar obcecado sólo en uno o un par de ellos. La elegancia estaría, entonces, en la elección del foco al que le vas a dedicar tu atención, y en la elección del foco del que la vas a retirar, sobretodo del primero, porque pocas veces está en nuestra mano elegir a qué NO le vamos a dedicar nuestra atención.

*pues no hay nadie, ni siquiera los mudos, que no puedan utilizar la lengua hablada, participando del, y creando, el sentido que se le da a cada palabra

Relacions abusives: Bullying

El emperador Federico II quiso comprobar qué lengua e idioma tendrían los niños al llegar a la adolescencia si no habían podido hablar jamás con nadie. Y para ello dio órdenes a las nodrizas y ayas de que dieran leche a los niños…pero con la prohibición de hablarles. Quería en realidad saber si hablarían la lengua hebrea, que fue la primera, o bien la griega, o la latina, o la lengua árabe; o si acabarían hablando la lengua de sus propios padres, de quienes habían nacido. Pero se afanó en vano, porque los niños morían todos

Salimbene da Parma, Cronaca, n.1664

 

Divendres passat l’Ajuntament de Solsona em va convidar a fer un taller sobre prevenció de relacions abusives, adreçat a pares i mares de nens de 6 a 12 anys. Vaig començar la meva intervenció amb la historia que cito a dalt, extreta del llibre d’Umberto Eco La búsqueda de la lengua perfecta. La meva intenció era assenyalar l’evidència que els nens de l’experiment de l’emperador havien estat maltractats, donat que havien mort, i que l’abús té a veure amb molt més que insultar o picar.

 

El bullying està estès al llarg de totes les cultures i estrats econòmics. Tots els estudis coincideixen a afirmar que afecta fins al 30% de la població escolar. I no obstant aquest elevat percentatge d’alumnes afectats, és un problema silenciat o incòmode d’abordar, pel qual gran part dels centres educatius no disposen d’un protocol d’actuació explícit que posin en marxa de manera regular.

 

Aquest protocol ha de contemplar no menys de quatre nivells: 1) L’escola en el seu conjunt; 2) Les famílies dels alumnes afectats (l’agressor i la víctima); 3) L’agressor i la víctima mateixos; 4) Els alumnes que presencien el maltractament, i que acostumen a mirar a un altre lloc. De fet, aquesta última actitud, la de mirar a un altre lloc, juntament amb treure-li importància, són les més esteses entre tots els afectats i es plasmen en les següents expressions: “El meu fill no fa això” i “són coses de nens” Aquesta actitud no només no soluciona el problema, sinó que l’agreuja.

 

En el que m’agradaria incidir més en aquest article, però, és en el context social en el qual es dona el Bullying. M’agradaria incidir en el context molt més ampli des del qual una conducta agressiva es justifica, o no es rebutja. Des de l’escola, la família, o qualsevol tipus d’organització en la qual les persones han d’interaccionar, l’agressivitat és justificada com a mitjà per a aconseguir coses. A la persona agressiva se la considera forta sovint, i a la que no ho és feble. Els nens aprenen aquests models, i és freqüent que siguin els agredits els qui s’hi apropen als agressors, quan el sentit comú diu que haurien de fer el contrari. Però és que els agredits se senten inferiors pel fet de ser-ho, i els agressors se senten superiors pel fet de ser-ho, motiu pel qual són els agredits normalment els qui volen guanyar-se el favor dels agressors, i no a l’inrevés. Quina llàstima !!!, i quin error !!!

 

A. Adler és un psiquiatra, pupil inicialment de Freud , fins que es va distanciar d’ell, que va dir que tothom naixem amb un complex d’inferioritat que hem de superar. Donat que l’espècie humana és la que més triga a madurar i a assolir la independència respecte als seus pares i altres adults, el període durant el qual som dependents dels altres és gran, la qual cosa ens pot portar fàcilment a creure’ns inferiors a ells.

 

L’agressivitat, el fer mal a l’altre, ferir-lo, o trepitjar-lo, són falses sortides a aquest hipotètic sentiment d’inferioritat originari. El plaer que els nens experimenten al riure-se’n d’algú, tot i que una via ràpida per a sentir-se superior, i més si els espectadors també riuen la gràcia, és un mal camí. El nen que fa això s’equivoca d’una manera que posa als adults davant la responsabilitat de corregir el seu error. Com també és responsabilitat dels adults ensenyar al nen del qual els altres riuen, que no és menys que ningú per aquest fet.

 

Hi ha molta feina a fer, doncs…