No són emocions negatives, són emocions desagradables

Riu

Hi ha un exercici que acostumem a fer als cursos d’Intel·ligència Emocional que consisteix a demanar als participants que diguin emocions. Aleshores aquests comencen a dir: Alegria, sorpresa, amor, etc. I quan s’acaba la inspiració sempre algú diu: Ara direm les emocions negatives. – I llavors comencen  por, ràbia, fàstic, etc.

El més curiós d’aquesta experiència és que sempre s’acostuma a produir així, és a dir, que els participants diferencien les emocions en positives i negatives, o viceversa. La finalitat de l’exercici és fer conscients a les persones d’aquesta divisió, que fem tots de manera gairebé natural, però que és absolutament falsa. Així, no hi han emocions negatives i emocions positives. Totes les emocions són positives, perquè totes tenen una funció adaptativa per a la persona. El que sí és cert és que hi han emocions agradables i emocions desagradables d’experimentar. Però d’aquí a dir que unes són positives i altres negatives hi ha un gran pas, un pas que al donar-lo ens fa cometre un greu error. Greu perquè ens limita.

En efecte, a l’interpretar tot un seguit d’emocions com a negatives, i no simplement desagradables, tendirem de manera natural i lògica a voler evitar-les, o a no atendre les quan les experimentem, o a pensar que, quan les sentim, potser hi ha alguna cosa dolenta dins nostre, ja que estem experimentant una emoció “negativa”. Una cosa dolenta que potser té a veure, podem arribar a pensar, amb la nostra educació, els nostres gens, o qui redimoni sap!! Totes aquestes circumstàncies ens fan experimentar l’emoció com a molt molesta, o amenaçant, i sí ja hem reconegut que l’emoció era intrínsecament desagradable, totes aquestes interpretacions afegides la poden arribar a fer intolerable. Aquesta incapacitat per tolerar una emoció ens portarà  a voler suprimir-la quan ja ha aparegut,  o a evitar directament la situació on podria aparèixer.  Així, com a exemple del primer cas,  li podrem dir al nostre metge que ens doni un ansiolític per l’ansietat, o podrem automedicar-nos nosaltres mateixos prenent unes cerveses al bar de la cantonada. Com a exemple de la segona situació,  puc evitar el mal tràngol que em suposa dir-li a un company de feina una cosa que em molesta d’ell.

Amb totes aquestes maneres d’actuar estic evitant emocions desagradables, però el preu a pagar és molt alt: renunciar a una informació preciosa sobre mi mateix i la meva relació amb els altres. En efecte, estic suprimint o aniquilant una parcel·la de la realitat que no m’agrada, però que no per això és menys real. I tots sabem el que passa quan fugim o no volem encarar la realitat.  El que passa en aquest cas és que, a força de no atendre un segment important de la meva vida (les emocions desagradables), acabo deixant de veure-les, i quan aquesta manera de fer es torna en costum, puc arribar  a tornar-me totalment  insensible a elles. I així com la persona que ha perdut el sentit de la vista té limitacions evidents, la persona que ha perdut la percepció de certes  emocions també les te. Aquestes limitacions consistiran en la incapacitat de reconèixer tot un ventall d’emocions tant en si mateix com en els altres, la qual cosa donarà lloc a un seguit de dificultats importants, tant d’ell com de la seva relació amb els demés. Resumint, podrem dir que aquesta persona és poc intel·ligent emocionalment, la qual cosa és una llàstima si tenim en compte que, l’ emocional és la intel·ligència més important per tenir una vida plena.

La bona notícia és que la Intel·ligència Emocional és, de totes les intel·ligències, la més educable, la més modificable, la que més està a les nostres mans modificar, en comparació a la Intel·ligència acadèmica. Una bona manera de començar a fer-ho és desterrar per sempre més aquesta distinció totalment artificial entre emocions positives i emocions negatives, i recordar que totes les emocions, fins i tot les desagradables, són positives. En el proper article em centraré en com les teràpies cognitives de tercera generació tenen en l’estímul d’aquest procés la seva raó de ser.

Nadie salva a nadie, pero nadie se salva solo

Nadie salva a nadie…

El pasado viernes, Consuelo Casula, en su preciosa ponencia sobre Resiliencia, Mindfulness y Hipnosis, con la que nos regaló el oído en la jornada de Actualización en Hipnosis Clínica que organizó el Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña, lo dejó claro. Nadie salva a nadie, pero hay mucha gente que busca que la salven. Y nos explicó Consuelo cómo una cliente suya, divorciada en condiciones difíciles, después de haber sufrido maltrato psicológico por parte de su marido,  y en pleno duelo por esa circunstancia, contactó mediante Facebook con un amigo de la escuela primaria. Éste había sido medio novio suyo, y despertó el contacto emociones dormidas en ambos. Tan intensas fueron esas emociones, que la cliente de Consuelo dejó el norte de Italia para ir al encuentro de su amigo del colegio en el sur. En la visita con ella previa a su partida, le decía que en el sur estaba la persona que por fin la sabría comprender, y la ayudaría a salir de la situación donde estaba. Consuelo en esos momentos intuyó que la aventura iría mal, pero no quiso decirle nada porque cada uno debe vivir su propia vida, porque la propia Consuelo podía equivocarse y porque los terapeutas no estamos para salvar a nadie.

 

Efectivamente, unos meses después la cliente de Consuelo volvió aún peor de lo que había partido. El antiguo amigo era un rufián que no hizo más que ignorarla o vejarla, tras los primeros días de idilio aparente. Entonces Consuelo no dijo aquello tan odiado por todos los hijos cuando se lo dicen sus padres: “ya te lo dije” Y no se lo dijo, en primer lugar, porque en realidad Consuelo nunca se lo había dicho. Pero lo que ahora sí le podía decir, pues la cliente estaba madura para el mensaje, es que, si tras algunos traspiés en la vida, buscas la solución en alguien que te ayude y te comprenda, probablemente volverás a tropezar. En cambio, si eres capaz de decirte, “Voy al sur a respirar nuevos aires, y a no permitir que nadie me vuelva a hacer lo que ya me han hecho varías veces” entonces, si eres capaz de decirte, y decir a los demás eso, entonces sí que hay una probabilidad seria de que salgas airosa del trance, y obtengas la ayuda que buscas. Y el motivo principal es que no buscas esa ayuda en otra parte, en otra persona, sino que en realidad estás centrando la atención en lo que TÚ debes hacer para que eso ocurra, en vez de centrarla en lo que tiene que hacer otra persona, a la que se le atribuye el papel de salvador.

Pero nadie se salva solo

 Cuando eres capaz de decirte, y decir a los demás: “voy al sur a cambiar de aires, y a no permitir que nadie me vuelva a hacer lo que ya me han hecho varias veces” entonces encuentras a la persona con la que te salvas, que es esa a la que no le permites que te haga lo que te han hecho otras previamente.  Y encuentras a esa persona no porque hayas ido al sur, pues yendo al norte, o al oeste, o al este, o más sencillo aún, quedándote donde ya estabas, la hubieras encontrado igual.  La encuentras simplemente porque has aprendido a actuar de otra manera, y porque empiezas a tener una idea clara de que es actuando de otra manera como la encontrarás. Y es en ese encuentro, en el que aprendes a hacer las cosas de otra manera, donde  te salvas.

 

Algo así le dijo Consuelo a su cliente cuando ésta volvió del sur. Y continuó diciéndole que es precisamente cuando topamos con el otro, y no antes, que la oportunidad para cambiar se presenta, aunque es a nosotros a quienes toca decidir si aprovechamos la oportunidad o no. Pero en cualquier caso, la oportunidad, y por tanto la posibilidad de salvación, sólo se presenta ante el otro, y en consecuencia éste es el sentido en que ella dijo que nadie se salva solo. Y porque, además, cuando no dejas que alguien te trate mal, le estás haciendo un favor a esa persona, ayudándola a ser más humana, y por consiguiente a salvarse contigo.

Y así Consuelo acabó su ponencia. Entre muchas más historias de resiliencia, mindfulness e hipnosis, nos mostró el precipicio en el que con tanta facilidad se desploma tanto quien quiere que lo salven como el que quiere salvarse solo. No despeñarse por el precipicio, o sea, la auténtica salvación, requiere la capacidad de aprender que ninguna de esas opciones es realmente viable.

La libertad no hace a los hombres felices, pero los hace hombres (M. Azaña)

Estos días he pensado en Manuel Azaña, presidente de la 2ª, y también fracasada, al igual que la primera, republica española. Y creo que ha venido a mi mente su memoria por dos acontecimientos. El primero la relectura del magnífico libro de George Orwell, Homenaje a Cataluña, que se sitúa a finales de 1936 y primera mitad de 1937, momento en  que el idealista y joven Orwell vino a Barcelona a luchar en la guerra civil contra el fascismo, que en esos años avanzaba implacable a lo largo de toda Europa. Orwell hace un retrato preciso y precioso de lo que era España, Cataluña y Barcelona esos días, y junto a mi mujer decidimos regalar ese retrato a mi sobrino, que con 21 años venía a  Europa por primera vez desde el otro lado del charco, para que se hiciera una idea de la historia de lo que hay por aquí. Pero una vez que le compramos el libro, no pude evitar volvérmelo a leer, después de que lo hiciera por primera vez hace unos años. Es impresionante para mí cuando Orwell dice que en España el fascismo, a diferencia del de otros países europeos de la época, lo que se proponía restaurar derrocando a la república era la sociedad feudal previa. Esa sociedad de los grandes de España, los terratenientes y los señoritos. El reputado historiador Josep Fontana dice algo parecido de las fuerzas reaccionarias que derrocaron a la primera república, setenta años antes de que lo lograran de nuevo con la segunda. Sólo teniendo en cuenta este contexto soy capaz de entender, aunque no mucho, la verdad,  lo que pasa en la España actual, donde a diferencia de lo que ocurre en otros países industrializados en los que son los banqueros y grandes industriales los que cortan el bacalao, vemos que  son personas como Esperanza Aguirre, aristócrata a la que no se le conoce actividad económica de provecho alguno,  las que tienen el poder, que ejercen con la única finalidad de permanecer en él, hasta el punto de que ella y sus amigos están a punto de derrocar a un gobierno entero. Aunque en Cataluña la realidad sea diferente, pues aquí sí que hubo salto del feudalismo a la sociedad industrial, el hecho de depender políticamente de España hace que se la pueda aplicar el mismo cuento.

El segundo hecho que me ha hecho pensar en M. Azaña y en la frase con la que encabezo este escrito es mi participación en el congreso anual de ICSA (www.icsahome.com) titulado “Manipulación, Abuso y maltrato en grupos”, que tuvo lugar en la joya del adriático, que es como llaman los italianos a la ciudad de Trieste, los primeros días de este mes de julio. Participé con una ponencia sobre Hipnosis y Manipulación Psicológica. Pero lo que me impactó y me lleno de esperanza fue el conocer a lo largo de esos  días a muchas personas que ejercen la libertad, luchan por ella, y se enfrentan como hizo David con Goliat a poderes muy superiores al suyo, con la única arma de la verdad. Así, en la misma mesa redonda en la que yo expuse mi ponencia, Angel Garden (http://www.localschoolsnetwork.org.uk/2011/08/some-very-good-reasons-why-steiner-schools-shouldnt-have-state-funding/) y su esposo explicaron como su hija sufrió continuadamente bullying de otros alumnos, sin que los responsables de una prestigiosa escuela, perteneciente a una organización elitista y con muchos lazos con el poder, se inmutaran. Aportan pruebas también de que lo que pasó con su hija es práctica habitual en las escuelas de la organización. El matrimonio ha recorrido medio mundo para denunciar el caso, después de que en su país, Nueva Zelanda, no les hayan hecho mucho caso los que tienen el poder, pero están consiguiendo que su historia la escuche mucha gente, y lo que es más importante, irse a dormir cada noche con la conciencia tranquila. También conocí en Trieste a Jill Mytton, londinense que ha denunciado como bajo la fachada de organizaciones no gubernamentales sin ánimo de lucro, algunas organizaciones, charities, como las llaman en el Reino Unido, están amasando una gran fortuna y un gran poder, que utilizan abusivamente contra muchos de sus propios miembros de base, que con la mejor intención se unen a la organización para sumarse a una buena causa, y acaban siendo dañados y abusados psicológicamente. He asistido al relato de Jill de cómo esa Charity está intentando hundirla, y he visto en sus ojos cómo están fracasando estrepitosamente en su empeño. Y podría explicar más ejemplos de personas que conocí esos días, y que se encuentran en situaciones parecidas a las de Angel y Jill. Personas que en el congreso de una organización como ICSA, cuyo brazo ejecutivo componen Michael Langone y Mike Kropveld, haciéndolo posible, tienen su espacio para alzar su voz y que las escuchen los demás. Pues los congresos de ICSA tienen la particularidad de unir durante unos días bajo un mismo techo, a profesionales de la salud, ex miembros de sectas (o grupos de altas demandas, como muchos preferimos denominarlos), personas víctimas de relaciones abusivas en otros contextos,  miembros activos de grupos de altas demandas, siendo todos bienvenidos, y teniendo todos voz en un mismo foro, donde, por definición, la visión de la realidad como blanca o negra está descartada.

Para mí, con cientos y cientos de años en mis venas de una cultura feudal en la que el vasallo no tiene ni voz ni voto, pues mi familia proviene de ese sitio de España donde el feudalismo fue, y me temo que es, más crudo: Andalucía; para mí, como decía, estar en ese ambiente durante unos días me resultó altamente estimulante y esperanzador, y me enseñó que nada cambiará si no lo cambio yo. Quizás a la tercera sea la vencida.

La meditación y estar conectado con uno mismo

Cada día nos enteramos de nuevas noticias que nos escandalizan. Me refiero a asuntos de la actualidad política y económica que tienen que ver con casos de corrupción. El estado de ánimo general cada vez es más resignado, y corremos el riesgo de caer en la desesperanza: ese sitio en el cual empezamos a dudar de que tenga sentido luchar e intentar cambiar alguna cosa, pues empezamos a perder la esperanza de que las cosas puedan cambiar, y de que nosotros podamos contribuir a que cambien. Entonces nos sentimos desconectados de esa realidad que nos vemos impotentes para cambiar, y precisamente porque nos sentimos impotentes para cambiarla, nos sentimos desconectados de ella, hasta llegar a un punto en que somos nosotros los que nos desenchufamos. Caer en la desesperanza tiene consecuencias para nuestro sistema nervioso, pues  empezamos a segregar hormonas antiinflamatorias en exceso que nos llevan a una situación de mantener a nuestro organismo en estado de alarma, dañándolo.

Pero antes de llegar  a esa situación de daño corporal, la mente ya ha puesto en marcha otros mecanismos de defensa para luchar contra la falta de sentido. Porque es la falta de sentido lo que a la mente le chirría y le hace daño. Pongo un ejemplo. Si a una persona le enseñaron que la responsabilidad en el trabajo y hacer bien las cosas es la manera adecuada de actuar, y la que le permitirá adaptarse mejor a su puesto, estar satisfecho y que los compañeros y superiores lo estén con él, como digo, si a una persona le enseñaron eso, pero después ve en su trabajo que al peor trabajador, pero que sabe hacer la “pelota”, le va mucho mejor, entonces las cosas dejarán de tener sentido para él en el trabajo. Y es en esa situación cuando la mente, para defenderse, puede reaccionar de diversas maneras, más o menos saludables. Una típica, que puede ser saludable a corto, pero probablemente no a largo plazo, ya que no se puede estar siempre a la defensiva, es mirar hacia otro sitio. De hecho, el mirar hacia otra parte es una de las especialidades de la mente, para la cual está especialmente dotada. Tan dotada está que con poquita práctica  le resulta muy sencillo no ver algo que está delante sin ni siquiera tener que apartar la mirada. Y eso es así porque más que con los ojos de la cara, vemos con los ojos de la mente, es decir, que vemos lo que queremos ver, y lo que no queremos ver, pues no lo vemos. A este fenómeno  técnicamente se le llama disociación, y es la base de muchas situaciones que nos encontramos cada día, desde el “mi hijo es muy inteligente, aunque le hayan quedado todas las asignaturas” hasta el “¿por qué?, ¿por qué?“ de Mourinho. Pero también la disociación, cuando no se usa como mecanismo de defensa, es la que le permite  al lector desconectarse de su ambiente inmediato para zambullirse con los cinco sentidos en un buen libro, o la que le permite al pionero de cualquier campo dejar de ver lo que son las cosas y ver lo que pueden llegar a ser, actuando como si ya fueran así,  y arrastrando a los demás que le siguen en su visión.

Así, la disociación no es en sí ni buena ni mala, sino que depende del uso que se haga de ella el que sea de una manera u otra. Lo que sí quiero resaltar es que tenemos una gran capacidad para disociarnos. Tanta es nuestra capacidad, que podemos vivir gran parte de nuestra vida disociados, y no sólo respecto del exterior, sino también, y eso es aún peor, de nosotros mismos. Porque lo peor de usar la disociación, cuando la usamos como arma de defensa para dejar de ver todo lo feo que ocurre en el exterior, es que pagamos el precio de dejarnos de ver también a nosotros mismos. Y así, a la vez que nos desconectamos del exterior, nos desconectamos de nosotros también. Y es entonces cuando, paradójicamente, somos más vulnerables. Y digo paradójicamente porque es una paradoja que sea precisamente la estrategia de defensa utilizada la que nos haga más débiles.

Hay muchas maneras de conectar, o reconectar, con uno mismo. Una forma fantástica nos la ofrece la meditación.

Y es que, ante los tiempos que corren, en los que la desesperanza nos puede hacer su presa, conviene estar muy en contacto con uno mismo, y no desconectarse de lo que es importante.

El cor o la raó (VII)

I per tancar aquesta sèrie d’articles sobre el cor i la raó, que és el títol que li hem posat a la dificultat més general d’elegir quan tenim un dilema, m’adreçaré a una qüestió que va quedar pendent més a dalt, i que és la següent:  com podem deixar de tenir intimitat amb les persones amb les que mantenim una relació d’enemistat o conflictiva?

Jo no tinc la resposta a aquesta qüestió, però sí una pista de per on podria anar. I crec que aquesta pregunta ens ha de servir per recapitular i tornar a l’inici del debat que havíem tingut al curs d’intel·ligència emocional: Trobar el nostre centre. L’enemic o relació conflictiva té la capacitat d’allunyar-nos de nosaltres mateixos, de descentrar-nos. Relacionar-nos amb ell ens resulta desagradable perquè ens torna una imatge de nosaltres mateixos indesitjable,                que ens fa mal. Diu Sèneca que l’home més poderós és aquell que és amo de si mateix. La relació conflictiva ens posa davant el fet que tenim molt poc poder, ja que davant d’aquesta persona perdo el control de mi mateix, deixo de ser jo, i em torno un imbècil o el que sigui que no m’agrada. Però aquí hi ha una fal·làcia, i és que fonamental soc jo aquell imbècil o el que sigui que no m’agrada que apareix davant la persona amb qui tinc el conflicte, encara que no m’agradi i sempre intenti evitar-ho.

De la mateixa manera que tots tenim a l’armari una camisa que no ens agrada gaire, i que sempre intentem evitar posar-nos en favor d’altres peces que ens fan més el pes, fins que arriba un moment que no tenim altres camises netes, i ens l’acabem posant una mica a desgrat, també tenim parts de la nostra personalitat que no ens agraden gaire, i que intentem evitar mostrar sempre que és possible, en favor de les que més llueixen, fins que arriba un moment que aquestes estan a la bugaderia i ens hem de posar la nostra personalitat més lletja, però que, no cal oblidar-ho, també és nostra. Això ocorre inefablement quan ens hem de trobar amb un enemic. Aleshores, i per diversos motius, mai trobem a l’armari aquella camisa desitjada, i ens acabem  posant la més lletjota. I clar, no ens trobem a gust, patim, i acabem responsabilitzant a l’altre d’aquest patiment. Clar, és el nostre enèmic.

I és que els nostres enemics són els dipositaris de les parts menys volgudes, i sovint fins i tot reconegudes, de nosaltres mateixos. No és superficial aquesta distinció entre parts no volgudes, però reconegudes, i parts no volgudes ni reconegudes. Quan a mi no m’agrada una part de mi mateix, però almenys reconec que és meva, em passa com quan anava a l’armari i veia aquella camisa que no m’agradava però sabia que era meva. Quan ni m’agrada ni reconec una part de mi mateix és com si anés a l’armari i les camises que m’agraden m’impedissin veure i reconèixer com a meva una que no m’agrada. En aquest darrer cas em trobaré més enemics quan surti al carrer, o el grau de conflicte amb ells serà més intens.  I això serà conseqüència de que, malauradament, no per no veure-la, aquella camisa que tinc al meu armari deixarà d’existir. I com que existeix, i a més a més les camises són per posar-se les, l’acabaré veient, i com em cridarà l’atenció!  quan sigui al meu enemic a qui li veig lluir-la. En realitat és quan el veig amb la meva camisa que li atorgo la categoria d’enemic.  I és precisament per això que amb els nostres enemics mantenim relacions de molta intimitat: perquè tenen accés al nostre armari i es vesteixen amb la nostra roba, deixant-nos despullats a nosaltres.

Però no em vull desviar més de la pregunta de l’inici d’aquest article: com podem deixar de tenir intimitat amb les persones amb les que mantenim una relació d’enemistat o conflictiva?

Ja he dit que no tinc la resposta, però sí que em sembla que hem de tornar a la lliçó inicial del curs d’intel·ligència emocional per apropar-nos hi una mica. Hem de conèixer el nostre armari. Hem de saber què hi ha a dins. I hem d’acceptar el que hi ha a dins. Només així podrem distingir el que és nostre del que és dels altres. Hem de poder reconèixer les nostres emocions, totes, les que més plaer ens donen i les que més ens fan patir. Tant les primeres com les últimes ens pertanyen i tenen un sentit a la nostra vida. Però per conèixer alguna cosa li hem de prestar atenció, en primer lloc. Per tant, hem de mirar cap al nostre armari, cap a dins, per saber distingir els colors de totes les camises que hi ha al seu interior. Això no ho podrem fer, i per tant perdrem contacte amb nosaltres mateixos, si ens passem les 24 h del dia ocupats en el que succeeix a fora. No ens podem oblidar que el que passa a fora sempre és percebut i filtrat pel que passa a dins, i que aleshores el que passa a dins sempre hi serà present. Crec, aleshores,  que és imprescindible una ITV amb regularitat del funcionament interior.

Els nostres enemics ens ofereixen una gran oportunitat per a fer aquesta ITV, ja que ens obliguen a treure del fons de l’armari aquella camisa, víctima ja de l’arna de tan tancada que hi era,  donant-nos ocasió de fer alguna cosa diferent amb ella.  Amb quina faceta de mi mateix m’està enfrontant el meu jefe quan em sento menystingut davant d’ell?, Per què em fa tanta ràbia allò que em diu la meva parella? (que no ha de ser un enemic, tot i que de vegades em comporto com si ho fos) Aquestes són grans oportunitats per fer armari,  perquè ens inciten a trobar-nos amb nosaltres mateixos quan alguna cosa no va bé.  Si aprofito l’oportunitat i a  aquestes preguntes  responc mirant-me a mi mateix, aleshores  el nombre dels meus enemics, la meva nuesa al seu davant i la necessitat de protegir-me atacant-los o fugint,  disminuiran.  I al que anàvem, com ja no seran una amenaça per mi, deixaré de tenir una relació intima amb ells, alliberant-me per poder-la tenir amb qui jo lliurement elegeixi.

El cor o la raó (VI)

Efectivament, l’enemistat crea intimitat, com dèiem a l’article anterior, cosa que no resulta gens intuïtiva, però que te la seva explicació en la quantitat de temps que li dediquem en el nostre pensament a aquesta persona odiada, i en la quantitat d’energia que això ens resta, la qual podríem dedicar a altres coses més importants per a nosaltres, i que al no fer-ho, a sobre, ens fa sentir més malament. Aquesta implicació cap a una persona, que ens fa posicionar-la en el centre de la nostra atenció, com quan anem a una festa on hi haurà molta gent i moltes possibilitats, però on el nostre pensament, com si el filtres un embut, només va a parar a la presència o no de determinada persona i a les conseqüències que això tindrà per a nosaltres, aquesta implicació, deia, és intimitat. Com és intimitat la dedicació cap a aquesta persona, que ens fa pensar en ella no només quan anem a un determinat lloc, com a la festa de l’anterior exemple, sinó en múltiples situacions on pensem que ens la podem trobar, i en múltiples ocasions al llarg del temps, és a dir avui, demà i l’any que ve. I això que acabo de dir, com veiem, és extrapolable a altres relacions fora de les que mantenen les parelles divorciades o separades , i a d’altres situacions que no són de pura enemistat, perquè enemics purs tenim pocs, però sí que hi ha persones a les nostres vides amb les quals mantenim relacions conflictives, no necessàriament d’enemistat, i amb les quals també és aplicable tot això que acabo de dir i tot el que vaig dir a l’anterior article.

Però el que ens interessa ara és la següent qüestió: Com podem mantenir un vincle íntim d’una manera saludable? I, com podem deixar de tenir intimitat amb les persones amb les que mantenim una relació d’enemistat o conflictiva? Penso que és això el que tots cerquem. Em dedicaré avui a respondre a la primera pregunta, ja que és de la que vaig prometre encarregar-me a l’anterior article. No obstant, la segona pregunta, que ens ha aparegut avui, és també important, i a ella em dedicaré en el proper article.

Sempre dic a les parelles que tracto que la relació ideal la formen tres, de la següent manera:  JO, TU I NOSALTRES DOS (o TU , JO i NOSALTRES DOS) Aquestes tres parts estan separades les unes de les altres, i això possibilita que els dos membres de la parella aconsegueixin separació respecte de l’altre, la qual cosa és important per preservar la pròpia autonomia o llibertat, principi bàsic sense el qual deixem de ser persones, ja que com va dir Azaña: la libertad no hace a los hombres felices, pero los hace hombres. Quan la nostra parella envaeix el nostre espai personal, ho fa a costa nostra, a costa d’empetitir-nos. Així comencem a perdre la nostra personalitat i la nostra autonomia, i el que és pitjor, si ho fa amb bona intenció, amb la intenció de fer-nos la vida més fàcil, ni tan sols ens queda el recurs de queixar-nos, ja que seria egoista per la nostra part recriminar a l’altre el que està fent, ja que ho està fent pel nostre bé. I més injust seria encara si a sobre hem sigut nosaltres, per por a decidir, per poca confiança en nosaltres mateixos, o per comoditat, qui hem demanat a l’altre, al qual considerem més capacitat, que decideixi per nosaltres. Però no només es fa més petit en aquest tipus de parella, és a dir, en una on no hi ha separació clara entre els seus dos membres, la persona l’espai de la qual és envaït, la persona que s’empetiteix. També la persona a la que anomenarem invasora, a l’ocupar-se d’aspectes importants, o trivials, de la vida de l’altre, s’està oblidant de viure la seva pròpia vida, l’està descuidant. I això pot ser per varis motius, com l’esperit samarità d’ajudar a l’altre, i més si aquest altre té penjada l’etiqueta de dèbil, o la por a enfrontar-se als reptes de la pròpia vida. Si aquesta tendència s’intensifica, aleshores acaba vivint la vida a través de l’altre, amb la qual cosa acaba empetitint-se també. I d’aquesta manera arribaríem a una parella on hi hauria una gran intimitat i cap separació, on els assumptes del primer membre serien els assumptes del segon membre, mentre els assumptes del segon membre haurien desaparegut del mapa, i on per diferents camins els dos membres haurien arribat al mateix resultat: l’empetitiment com a persones. No cal que jo digui, aleshores, que una parella en el si de la qual els seus membres cada vegada són més petits és una parella no saludable.

Així, com concloïa a l’anterior article, i amb l’esperança que després d’aquest s’entengui la conclusió: una parella saludable és aquella en la qual els seus dos membres aconsegueixen separació, perquè només aquesta dona l’autonomia que permet unir-se lliurement i autèntica a l’altre.

El cor o la raó (V)

I seguint amb la idea de l’article anterior, quan comença una parella a distanciar-se, a separar-se? La resposta és que molt abans de la separació o divorci oficial, essent aquest només un pas més, si bé el que més es veu, en un camí que es va bifurcar ja fa temps en dos completament de diferents, sense punts en comú. Aquest és l’itinerari que segueixen moltes parelles que se separen, fins que l’un surt de la vida i del pensament de l’altre absolutament. De vegades aquest procés ja s’ha consumat abans de deixar de viure sota el mateix sostre.  Aquesta seria una forma de separar-se neta, coherent amb el que vol dir la paraula separació al diccionari, ideal. Però com vam veure a l’anterior article la vida és molt seva, i no s’ajusta normalment al que és ideal. Hi han moltes coses que impedeixen la separació neta, comme il faut, com per exemple fills en comú, mateix lloc de treball, amistats compartides, etc, que provoquen que no ens puguem separar definitivament.  Però per sobre de tot, pot haver un element que ens uneixi extraordinàriament a l’altre un cop ens hem divorciat d’una forma no ideal: l’odi. Efectivament, la presencia psicològica, que és la més autèntica, (ja que podem estar físicament envoltats de persones que ens són absolutament indiferents, i estar separats per milers de kilòmetres d’aquells que omplen tot el nostre pensament), com deia, la presència  de la persona odiada a la nostra vida és directament proporcional a la quantitat d’odi que li tenim, ja que a més odi, menys indiferència, i és aquesta la que ens separa indubtablement d’algú. Així,  la relació amb un enemic és una relació íntima, com ens explica tant bé Hemingway a El viejo y el mar, on el protagonista, un vell pescador, manté una llarga lluita amb un peix que es resisteix a ésser capturat, i en la qual la vida del peix es fa molt present en el pensament del pescador mentre dura la lluita. És per això, paradoxes de la vida, que una parella pot arribar a mantenir una relació més íntima quan s’ha divorciat que abans de fer-ho, si l’odi entre ells ha augmentat, al quedar capturats ells també en la mateixa lluita que abans del divorci, però més intensa.

En el proper article parlaré de com aconsegueixen separar-se les parelles ideals, per així aconseguir estar juntes, sense odi.

El cor o la raó (IV)

I per acabar, o no,  aquesta  sèrie d’articles que tenen a veure amb els dilemes, tema que vam tractar a la primera part del curs d’intel·ligència emocional, i que va suscitar molt debat, m’agradaria afegir algunes reflexions, ara que ja hem encetat la segona part del curs. Segueixo considerant aquest com a tema cabdal, i per això vull seguir parlant-ne, almenys fins que algú digui que li cansa, o em cansi jo mateix. Per resumir, vam quedar al curs que els dilemes que ens paralitzen són conseqüència d’una incapacitat d’integrar contraris, cosa que ens desnaturalitza, i això en sentit literal, ja que la natura ens ofereix múltiples exemples d’integració, alguns dels quals hem exposat més amunt, i algun dels quals exposaré més avall. L’exemple paradigmàtic d’aquesta falta d’integració el trobàvem quan el cor ens diu una cosa i la raó una altra, i el que ens diu cadascuna d’aquestes parts és molt distant del que ens diu l’altra, fins i tot contrari: així el cor ens impulsa a actuar d’una manera i el cap d’una altra totalment diferent.  El cor i el cap es distancien l’un de l’altre, i al primer li és impossible ser racional i al segon emotiu, cosa que sí succeeix quan hi ha integració. Integració vol dir també capacitat de canviar de perspectiva, i així una persona en equilibri pot ser raonable amb el cor i emotiva amb el cap. Exemples d’això? A l’aula la mestra que és raonable amb el cor és capaç de no dedicar-li tota l’atenció a aquell nen que sempre plora, perquè és dèbil, i captar a aquell altre que pateix, però ho fa en silenci, sense escarafalls, dedicant-li també atenció a aquest últim, o fins i tot a l’alumne brillant que tothom pressuposa equivocadament que no la necessita. Només un cor raonable podrà veure el patiment de qui no fa soroll ni es queixa, podent repartir la seva atenció de forma més justa entre tots els alumnes, cosa que no és capaç de fer un cor exclusivament emocional, ja que  aquest  només capta les emocions que es veuen. Per captar les emocions que no es veuen cal la raó. Tanmateix, el cap és emotiu, per exemple, quan una persona organitza escrupolosament les activitats de tot el dia amb la finalitat de ser molt eficient i així poder guanyar una hora, que es reserva per anar a fer una visita a un familiar malalt, i no permet que al llarg del dia el distreguin emocions pertorbadores que obstaculitzarien  el compliment del seu programa, i per tant el guany d’aquella hora. Cal tenir un gran cor per tal que el cap sigui absolutament fred en el compliment d’aquesta planificació del dia.

Amb aquests exemples entenem que integració vol dir que tot està en tot. Thomas Mann, a la seva magistral obra La Muntanya màgica ens ho explica de moltes maneres, i jo crec que és magistral precisament per això. És curiós, ens diu, com el dia que comença l’hivern és precisament el punt de l’any en que els dies es comencen a allargar, la qual cosa podríem interpretar com que és també el dia en que comença l’estiu. I viceversa, el dia que comença l’estiu és també el dia en que els dies es comencen a escurçar, essent el primer signe evident de l’hivern.

Quan ens traslladem a l’esfera de les relacions humanes, poden sorgir dificultats si no tenim una mentalitat tipus estacions de l’any, és a dir, integradora, per a enfocar-les. I és molt fàcil no tenir aquesta mentalitat integradora en aquest terreny, per la senzilla raó que ha estat substituïda, perquè algú ens ha adoctrinat, per la mentalitat de pel·lícula americana. Segons la primera, és a dir, la integradora, el dia que ens casem, o sigui, el dia en que davant de Deu o de qui sigui afirmem la nostra màxima unió amb la nostra parella, és també el dia en que comença la desunió o el distanciament. Segons la mentalitat de pel·lícula americana, pobres americans, s’emporten totes les culpes de les banalitats d’aquest món, el dia que ens casem és només el començament d’una unió que cada dia està destinada a ser més forta. Les consultes de terapeutes de parella estan plenes de matrimonis amb mentalitat de pel·lícula americana, que s’aferren a la pel·lícula i no veuen la realitat quan per exemple, després de no dormir durant molts mesos amb la seva parella, ni compartir àpats, ni parlar gaire entre ells, per citar alguns exemples, tremolen davant la perspectiva de separar-se, sense adonar-se que ja ho estan, de separats, des de fa molt de temps.

I és que la mentalitat de pel·lícula americana és la mentalitat idealista. La mentalitat idealista és la contrària de la mentalitat integradora. D’aquesta crec que hem parlat prou. D’aquella, comentarem que li costa admetre res que no estigui d’acord amb l’ideal; no admet canvis de colors, simplement accepta tonalitats del mateix color.

Properament seguiré parlant de les parelles que estan juntes i separades, integrades i desintegrades.

El cor o la raó (III)

Fa temps que vaig fer una pregunta a la qual encara no he respost, i que tinc penjada des de l’any passat. Moltes coses a nivell personal han succeït en aquest mes i mig. El meu viatge a l’Argentina i Xile en aquest període m’ha posat més en contacte amb mi mateix i m’ha recordat la faula del llibre l’Alquimista, que em va decebre bastant, per altra banda. No obstant, la seva metàfora està bé, i és que per veure amb més nitidesa en la quotidianitat de vegades t’has d’anar a l’altre extrem del món, per tal de depurar els sentits. Jo em sento així ara mateix.

La pregunta que deixava penjada tenia que veure amb l’afirmació de la impossibilitat del llenguatge, que és un instrument cultural, per ajudar-nos a resoldre dilemes fonamentals de la nostra vida, ja que la vida, deia, te una riquesa de matisos que el llenguatge no pot captar. La vida és un fenomen de la naturalesa, i el llenguatge ho és de la cultura, i per tant aquest no és prou potent per a resoldre els problemes d’aquella. Però tancava l’article obrint la possibilitat a que sí ho fos. Un aclariment d’aquest punt es fa imperiós, en què quedem?

A la bona literatura el llenguatge es transcendeix a si mateix arribant a aconseguir el que les paraules eren incapaces, ja que aquestes, recordem, només valen per a designar una cosa(1), excloent totes les altres, mentre que a la vida, com hem vist a l’article anterior, l’ocurrència d’una cosa no exclou la del seu contrari a la vegada, cosa que faria tota definició inútil. Però dèiem que la literatura és capaç de transcendir les limitacions del llenguatge, i això que està feta de llenguatge, cosa que semblaria més aviat obra de màgia. I és que veritablement la literatura, quan ho és de veritat, és màgia. Posem un exemple, i ja que hi som posem el de la millor literatura. Don Quijote de la Mancha estava boig, però a la vegada era extremadament lúcid, la qual cosa encaixa perfectament amb el que succeeix a la vida. Com aconsegueixen els bons escriptors això te a veure amb la utilització de la metàfora i la creació de contexts en els quals els personatges adquireixen vida pròpia. Tots els grans escriptors coincideixen a dir això, i jo m’ho crec, ja que quan estic davant un bon llibre deixo de veure paraules i veig un tros de vida allà davant, però comprensible, perquè aquesta és la gran avantatja de la literatura amb paraules, que ens mostra la vida d’una manera digerible, la vida perquè és literatura, i d’una manera digerible perquè està feta amb paraules, mentre que quan surto al carrer i veig la vida directament la majoria de les vegades no entenc res.

Mentrestant, els texts que pretenen ser literatura i no ho aconsegueixen únicament mostren una successió de paraules, sense connexió autèntica amb la vida. Diuen moltes coses, però no transmeten; expliquen, però no evoquen; exhorten, però no mouen; fan passar l’estona, però et deixen igual.

I aquesta és la gràcia de la literatura, que concilia contraris, els harmonitza o integra en un tot, utilitzant un material totalment incapaç de fer-ho com són les paraules. Això per mi és màgia, i us ho diu algú que és escèptic per naturalesa, i no creu en coses com per exemple el reiki, l’astrologia i etcetera.

Per mi és evident que hi ha una força que tendeix a fer-nos més petits i a desintegrar-nos, que jo crec que és la de l’hàbit i el seu derivat de la comoditat, allunyant-nos de la vida, on tot és integració. I un exemple paradigmàtic ocorre en la vida en parella, on fa falta molta capacitat d’integració per tal de conciliar dos contraris com són un home i una dona. Els membres d’una parella són a la vegada protagonistes i autors de la seva novel•la, essent necessàries dots literàries en no poca mesura. I és que de la mateixa manera que hi ha una literatura amb paraules, crec que hi ha una altra sense, i que te a veure amb l’art de conciliar contraris sense morir en l’intent, i de viure o tendir a viure d’aquesta manera el més harmònicament possible, fent de la pròpia vida quelcom que pel fet de ser harmònic, acaba essent bonic.

(1) A la polisèmia una paraula pot designar vàries coses, per exemple la paraula banc, però només una a la vegada, i no és d’això del que estem parlant aquí.

El cor o la raó (II)

De vegades ens bloquegem en dilemes. Una de les coses que un dilema ens acostuma a mostrar és un fracàs en la capacitat d’integrar, de la que parlàvem l’altre dia a la classe.

Us recordeu a què fèiem referència quan parlàvem d’integració en el curs d’intel·ligència emocional?

A la capacitat  d’unir contraris.

A la naturalesa, la integració és la norma, i per això flueix. És quan ens bloquegem que deixem de fluir, i ens allunyem de la naturalesa. Aleshores veiem les coses en termes de tot o res, de blanc o negre, i la decisió ens costa, ja que la decisió és dramàtica o antinatural. Com funciona, doncs, la natura?

A la naturalesa tot està repartit. Això vol dir que no hi ha línies absolutes que separin una cosa (opció A) de una altra (opció B). Per exemple, com dèiem a la classe, la línea que separa la vida de la mort no existeix. A la vida hi ha mort, ja que constantment moren neurones al nostre cervell durant tota la nostra vida, i a la mort hi ha vida, perquè quan el metge pertinent expedeix el nostre certificat de defunció, que espero no sigui aviat ni en el meu ni el teu cas, lector,  ens segueixen creixent les ungles i  els cabells durant uns mesos. Aleshores, qui s’atreveix a traçar la línea entre la vida i la mort? La natura ens ofereix múltiples exemples en aquest sentit. A la natura conviuen els contraris en harmonia, integrats perfectament l’un en l’altre. La filosofia del yin i el yan ens ve a dir exactament el mateix.  La qual cosa, traslladat a prendre una decisió, vol dir que la decisió bona tindrà sempre conseqüències negatives, i la decisió dolenta, conseqüències positives. Això ho hem vist en l’exemple del meu amic i la botiga del seu pare, al constatar que no hi ha línies absolutes que  puguin ser traçades, deixant a un costat la decisió bona i a l’altre la decisió dolenta, car si veiéssim aquesta línea seria fàcil elegir. Però el cert és que no la veiem perquè no existeix, encara que quan som manipulats algú traça de manera artificial aquesta línea, i en el fet de fer-nos la veure rau exactament la manipulació.

Aleshores, si a la natura hi ha convivència entre contraris i integració, la qual cosa vol dir que les coses flueixen i no hi ha bloquejos, perquè nosaltres ens bloquegem i no fluïm tant sovint? Seria correcte dir que ens desnaturalitzem? Doncs la resposta a aquesta segona pregunta és que sí, i a la primera és que ens bloquegem i no fluïm perquè vivim la vida, natural com és, a través del llenguatge, que és un invent cultural, i per tant gens natural. És aleshores que es produeixen xocs. Les paraules tenen límits clars, de fet aquesta és una característica essencial de les paraules. El que no podíem fer en el mon de la natura, traçar una línea que separés dos coses, ja que tot està en tot, ho podem fer perfectament en el món de les paraules. Podem traçar una línea que separi perfectament totes les cadires de totes les taules, on totes les cadires quedaran a un costat de la línea i totes les taules a l’altre costat, per posar un exemple simple. Tornant a l’exemple entre la vida i la mort, la paraula vida no admet la mort, ni la paraula mort admet la vida. I així, la paraula vida no serveix per definir fidelment com és la vida ni la paraula mort com és fidelment la mort. Etc. Etc.

Crec que aquesta és la raó, bé no ho crec jo, només repeteixo el que diuen els filòsofs, per la qual ens trobem sovint amb dilemes que ens bloquegen. És a dir, la pobresa del llenguatge humà per aprehendre la riquesa de la vida. Quan deia més amunt que ens desnaturalitzem quan ens bloquegem volia dir que intentem resoldre un problema de la vida o de la natura amb un instrument de la cultura, com és el llenguatge, que no és suficientment potent per a resoldre’l.  O si que ho és? Properament seguiré amb la resposta, si no us heu cansat ja.