LA EDUCACIÓN DE NUESTROS HIJOS: NUESTRA MEJOR CARTA DE PRESENTACIÓN

Un proveedor me invitó a comer recientemente. Estábamos a punto de cerrar el que debía ser un buen acuerdo comercial.   No es ningún secreto que alrededor de una mesa se cierran muchas transacciones. Lo particular de este caso fue que la invitación era para ir a su casa, donde comeríamos con toda su familia. Quería hacer mi proveedor de esta manera mucho más personal la reunión, supuse. Cuando llegué a su casa vi que, además, quería impresionarme, pues esta estaba situada en la parte alta de Pedralbes, la que se encuentra por encima de la Ronda de Dalt. Desde el acceso al interior de la propiedad, que realicé a través de dos inmensas rejas metálicas que se abrieron de forma automática para conducirme por un paseo de gravilla flanqueado de altas palmeras, el lujo invadió mis sentidos. Al entrar en la mansión, y tras estacionar el coche en la zona habilitada para ello al lado de un Jaguar y un Mercedes, la sensación de poderío económico de los que allí vivían se intensificó.

Me recibió una sirvienta, que me invitó a sentarme en un sofá mientras llegaba el señor de la casa, me dijo. En los 5 minutos que estuve esperando, y una vez me relajé tras la incomodidad inicial que las muestras de ostentación me suelen producir, me vino a la cabeza la última vez que un proveedor me había invitado a su casa. Hacía ya casi dos años, y en aquella ocasión él mismo había cocinado para mi una rica paella de marisco. En la mesa, la esposa y los hijos, ya adolescentes, habían participado de una conversación distendida y amable, que se desarrolló entorno al negocio de los accesorios eléctricos del hogar, al que tanto mi proveedor como yo nos dedicábamos. Los hijos habían mostrado interés por el negocio del padre, y se habían implicado en todo momento, igual que la esposa, en poner la mesa y preparar el aperitivo, además de estar atentos a cualquier cosa que yo pudiera desear, como lo qué me apetecía beber mientras la paella acababa de hacerse.

Una hora más tarde hube de acordarme de nuevo de aquella cena del pasado, y el contraste con la actual hizo que la valorara de una forma que rayaba con la añoranza. En esta ocasión, los hijos, de nuevo dos varones adolescentes, apenas levantaron la vista de las pantallas de sus móviles durante toda la cena. Ante tímidas protestas por parte de sus padres, respondieron con semigruñidos ininteligibles, que en cualquier caso no consiguieron variar su conducta.  Pero lo más desagradable se produjo a la hora del café. Cuando por el motivo que fuera la sirvienta no estaba presente, y el padre le dijo al mayor de los hijos que hiciera el favor de ir a por el azúcar al armario, esté le respondió con un malhumorado “ves tú a buscarlo”, como si el padre le hubiera dirigido una ofensa. El que sí que se mostró ofendido fue el padre, aunque su respuesta pareciera más una súplica cuando le insistió al hijo para que fuera a por el azúcar. El hijo echo entonces mano de su ingenio y elevando considerablemente el volumen de su voz, por si no se le había entendido antes, se sacó la siguiente frase de la manga: “Tú tienes dos piernas igual que yo, deja ya de rallarme”. Por unos instantes no supe adonde mirar, y como siempre que ocurre eso uno acaba haciéndolo al último lugar que desearía, mis ojos se encontraron con los de la madre, que me dirigió una sonrisa estúpida que no supe como interpretar. Sigo sin saberlo. Con el que podía estar tranquilo que no se tropezarían mis ojos era con el hijo pequeño, pues más que en aquel comedor parecía estar en Marte, de absorto como estaba en la pantallita de su teléfono. Finalmente, la madre decidió levantarse e ir ella misma a por el azúcar. Cuando lo puso encima de la mesa la sonrisa sin alegría seguía pintando su rostro.

Si mi proveedor quería impresionarme al llevarme a su casa, sin duda alguna lo consiguió. Debo decir que la decoración de la casa era exquisita y además de imponente denotaba un muy buen gusto. Y a pesar de ello, aquellos dos zánganos que llevaban los apellidos de sus padres desentonaban terriblemente con el conjunto.

A diferencia de lo que me había ocurrido en la cena en casa de mi otro proveedor dos años atrás, gente sin ninguna pretensión, me fui de aquella casa con muy mal sabor de boca al constatar cómo padres tan refinados pueden tener unos hijos tan maleducados.  Eso me ha hecho reflexionar sobre cómo nuestra mejor carta de presentación es haber contribuido a formar un hijo bien educado

 

Jose Fernández

Psicólogo en PEHUÉN, Psicología y Formación

Psicólogos en Igualada, Manresa, Cervera y Barcelona (Barrio de la Sagrada Familia)

Cuando nuestro juicio falla más que una escopeta de feria

Diversas veces hemos experimentado la sensación de seguridad a la hora de emitir un juicio o de decidir sobre algun asunto. Es una bendición no estar sacudido por las dudas y tener las cosas claras. ¡Qué fácil es entonces la decisión! Dudar con frecuencia está mal visto, como si fuera una cualidad de las almas inferiores, en tanto que la persona que muestra seguridad es percibida por los demás con un halo de superioridad. No obstante, si hay algo claro es que las cosas nunca son como parecen, y ni es tan malo tener dudas ni tan bueno tener las cosas claras. La intuición, que es el arma secreta de las personas seguras, está sobrevalorada. A ella aluden los que pisan fuerte cuando deben rendir cuentas de sus decisiones, de esas decisiones que frecuentemente afectan a otras personas. Curiosamente, esas otras personas afectadas se dan por satisfechas cuando el que decidió argumenta que lo hizo en base a su intuición. Por eso digo que la intuición está sobrevalorada. Bueno, no soy yo quien lo dice, simplemente me hago eco de Daniel Kahneman, primer psicólogo premio nobel, concretamente de economía, por sus investigaciones sobre cómo en escenarios de incertidumbre las personas toman decisiones.

Kahneman suscribiría con seguridad, ya empezamos, la afirmación de Bertrand Russell de que este mundo funcionaría mejor si los inteligentes dudaran menos y los estúpidos dudaran más. Aunque visto con un poco más de espíritu crítico, Kahnemnan no simplifica tanto como para diferenciar entre inteligentes y estúpidos. Para él todos somo inteligentes y estúpidos a la vez, y dependiendo del contexto se manifiesta más una característica que la otra. Por ejemplo, en escenarios muy sencillos y con pocos datos, como cuando acabamos de conocer a una persona y sólo tenemos de ella la impresión dejada por una frase que ha dicho, por el color de su camisa y por el olor de su perfume, tenemos la impresión de conocerla muy bien. Cuántas veces hemos escuchado a alguien decir “guipo a una persona con tan solo verla”. Por el contrario, no nos es extraña la sensación de compartir la vida con alguien, y a pesar de ello no saber quién es. Sin embargo, la intuición nos lleva a tener la seguridad de conocer a alguien con tan sólo verlo. Kahnenam concluye que la intuición es en muchas ocasiones pensamiento estereotipado, que en base a muy pocos datos construye una imagen completa y nítida de alguien, o de algo.

Pero atención!! El pensamiento estereotipado no se cura por el mero hecho de enriquecer el escenario de la decisión, es decir, de introducir más datos.  Linda es uno de los personajes más famosos de la psicología, sobre la cual hay que hacer un juicio después de leer la siguiente descripción

“Linda tiene 31 años, es soltera, sincera y muy brillante. Se especializó en filosofía. De estudiante le interesaban mucho los asuntos de discriminación y justicia social, y también participó en manifestaciones antinucleares”

Después hay que decidir cuál de estas dos opciones es más probable:

  1. Linda es cajera de un banco
  2. Linda es cajera de un banco y activista del movimiento feminista

A pesar de que la opción más probable es la 1, la mayoría de las personas escogen la 2. La opción 1 es la más probable por una cuestión lógica, ya que todas las cajeras de banco feministas son cajeras de banco, pero no todas las cajeras de banco son feministas. La mecánica de la tarea es la misma que opera en la pregunta ¿dónde hay más madrileños, en España o en Madrid? Y sin embargo, en el caso de Linda, la mayoría de las personas eligen la opción 2. Eso ocurre porque la opción 2 es más plausible, encaja más en el estereotipo de persona que nos hemos formado de Linda después de leer su descripción. La opción 2 Es más coherente, más rica, que la primera, y a pesar de ello, más falsa. Y es que, citando a Kahneman, “las historias más coherentes no son necesariamente las más probables, pero son plausibles, y el incauto confunde fácilmente las nociones de coherencia, plausibilidad y probabilidad”

Esto es algo que saben muy bien los guionistas de cine y buenos escritores de ficción, que al dar descripciones detalladas de sus personajes los hacen más plausibles.

El ejemplo que acabo de dar no se agota aquí, y podemos ver que cuando se trata de la cuestión de dónde hay más madrileños, no nos llevamos a engaño. Ello es así porque en este caso debemos juzgar sobre números, sobre cantidades de población y sobre nadie en particular, y en ese escenario es más fácil utilizar la lógica, es decir, ser inteligentes.  Pero cuando debemos juzgar sobre una persona en particular, como es el caso de Linda, entonces nos volvemos estúpidos y nuestro juicio falla más que una escopeta de feria. Pero a diferencia de lo que ocurre en la feria, estamos seguros de haber acertado. Los problemas interpersonales están servidos.

 

Jose Fernández

Psicólogo en PEHUÉN Psicología y Formación

Psicólogos en Igualada, Manresa, Cervera y Barcelona (Barrio de la Sagrada Familia)

NO TE HAGAS ILUSIONES

Historia 1

−Mejor que no nos veamos más. No quiero que te hagas ilusiones−me dijo Jenny

Y yo me despedí con una sonrisa forzada, sintiéndome muy a la altura por no haber pataleado o llorado como un niño.

Nos habíamos conocido por internet, y necesité 6 meses para darme cuenta de que el problema no era mi ilusión, si no que ella no quería verme. Esto parece muy obvio, pero yo realmente me llegué a creer que el hecho de haberme enamorado era el obstáculo. Cuando me di cuenta de que no, el dolor fue sustituido por rabia, por el sentimiento de estafa de quien descubre que le han dado gato por liebre.

Al cabo de otros 6 meses empecé a contemplar la posibilidad de que ella no me quisiera estafar, y de que realmente hubiera sido sincera. Es decir, que verdaderamente lo que le llevó a cortar nuestras citas es que no quería que me hiciera ilusiones. De hecho, no era la primera vez que una mujer aludía a mi ilusión como razón para cortar. Internet es horrible porque esas palabras son suficientes para sacar a alguien de tu vida de forma absoluta, pues la única red que sustenta la relación es la virtual, la world wide web, y no cualquier otra que nos lleva a toparnos con el otro en la panadería, el ascensor del trabajo, o el gimnasio de la esquina. Pero por eso mismo internet seguramente es también atractivo, por ser un medio totalmente aséptico de conocer gente. Si me interesa me lo quedo, si no lo desecho sin más.

Pero entre los primeros 6 meses y los segundos, me tuve que encontrar con Estefanía. Gracias a ella se transformó mi forma de ver las cosas. Gracias a ella vi que Jenny no me quería estafar. Y la causa fue su respuesta a esa misma situación, pero ahora con los papeles cambiados. Nos conocimos una tarde de semana santa, la invité a un trozo de mona, y a partir de ahí todo fue cuesta abajo. Tan cuesta abajo que yo me espanté de la velocidad que estaba tomando.  Entonces le dije.

− Veo que te estás ilusionando mucho, y te quiero advertir de que yo no estoy enamorado.

Ella se pinchó como un globo.  La consecuencia es que yo retome un poco de aire, al poner las cosas en su sitio, y al sentir que estaba siendo honesto con ella, y sobre todo conmigo mismo.  Al menos es como lo interpreté yo: ¡qué pánfilo!

Por suerte Estefanía se volvió a rehacer, no le llevó mucho rato, y me dijo:

−¿Y quién te ha dicho que yo lo estoy de ti? Enamorada quiero decir ¿Quién te crees que eres para juzgar el grado en que yo debo o no debo ilusionarme con lo que me dé la gana?, ¿Y eso a ti que te importa? Si llega un momento en que no quieres verme, en que no quieres compartir tu tiempo con el mío, tu dinero con el mío y tu piel con la mía, me lo dices y ya está, pero no mezcles en tú deseo, o falta de él, mi ilusión.

Entonces dio un portazo y desapareció de mi vida. No recuerdo si me llegó a llamar imbécil, habría sido muy acertado. Se llevó todo lo que había traído, pero me dejo una gran lección.

Historia 2

−Yo no me he metido en tu relación para no dañarla− Le dijo Marta a Luis, y se refería al estrecho vínculo laboral que su marido mantenía con su amiga Mónica. Ambos Habían fundado la empresa de Catering de la que eran los principales socios. Pero a la par que la empresa prosperaba, La sintonía entre las dos amigas se desmoronaba. El motivo era el distanciamiento de Mónica, que por momentos parecía franca hostilidad, respecto a Marta. Esta estaba desconcertada, pero se inhibía de preguntarle a su amiga qué le pasaba. Entonces no hacía más que insistirle a Luís.

−¿Y qué tengo yo que ver con lo que os pasa a Mónica y a ti?, si tú tienes un problema con ella, soluciónalo−contestó él

−Pero no quiero perjudicar a la empresa si me meto por medio

−Nuestra empresa es lo suficientemente fuerte como para poder soportar los vaivenes de vuestra amistad. Eso es lo que yo creo.

−¿Estás seguro?

−Claro. Además, son dos temas diferentes. Uno es vuestra amistad y otro nuestra empresa, aunque los dos impliquen a las mismas tres personas.

−Entonces, ¿crees que puedo provocar más daño con mi silencio, que preguntándole a Mónica qué le pasa?

−Sí, ¿hablarás con Mónica?

−Puede ser…

Conclusión

Lo que las dos historias tienen en común es la confusión de sus protagonistas entre dónde acaban ellos  y dónde empiezan los demás, la confusión entre sus sentimientos y los que le atribuyen a los demás. Y esa confusión nos está hablando de falta de autoconocimiento. Creo que esta falta de autoconocimiento es causante de buena parte de los trastornos emocionales que padecemos, y sin duda de múltiples conflictos interpersonales, pues nos lleva a poner la responsabilidad de padecimientos que son nuestros sobre los demás, a los que responsabilizamos de los mismos. Así, en la primera historia responsabilizamos de nuestras decisiones al daño que nos imaginamos que podemos estar haciéndole al otro. Eso es una falacia, pues obedecen a nuestros temores y nada más que a ellos. En la segunda historia pasa más de lo mismo. Es el temor propio el que le impide hablar a Marta, pero confunde ese temor propio con el temor a hacerle daño a la relación de su marido con su amiga. Toma el uno por el otro.

 

Autocrecimiento 2018-19.

Somos en la relación.

Próximanente darán inicio los cursos de esta edición en nuestro centro. Estos cursos se plantean, por un lado, como un lugar para trabajar el autocrecimiento personal creando un espacio grupal de apoyo y ayuda mútuos. Por otro lado, partimos del supósito de que cada persona se debe enfrentar a los mismos retos en la vida.  Básicamente  autoafirmarse a la vez que establecer vínculos sólidos con las otras personas del entorno familiar, laboral o social. En este sentido cada persona es una fuente inagotable de sabiduría y creatividad. Los grupos posibilitan y estimulan que todos sus integrantes puedan beber de esa fuente, a la cual también alimentan con su experiencia. De esta manera los grupos generan un espacio del cual todo el mundo puede extraer motivación y conocimiento. Pero los grupos aún sirven a una tercera función quizás más básica que la motivación y el conocimiento. Estamos hablando del reconocimiento. Porque no podemos enseñar de otra manera que mediante el ejemplo, los grupos constituyen un lugar de respeto mútuo, es decir, de reconocimiento de la manera en que cada persona se enfrenta a estos retos comunes universales. Los grupos ofrecen reconocimiento y reverencia hacia la voluntad de sus integrantes de abrir su alma, si así lo deciden, para compartir lo que hay dentro de ella con los otros miembros del grupo.

Así, a medio camino entre la clase en la cual se imparten unos conocimientos, y el grupo de ayuda mútua, los cursos de Pehuén ofrecen básicamente Motivación, Conocimiento y Reconocimiento.

Este año, el eje de la propuesta formativa que presentamos está en la relación con los demás. Son nuestras relaciones las que nos definen, es la forma en como nos relacionamos la que nos perfila. Por eso afirmamos que SOMOS EN LA RELACIÓN.

Para más información sobre fechas, horarios y precios de cada curso escríbenos a: info@pehuenpsicologia.com  o llámanos al telf. 93 803 49 14

 

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Dificultats d’aprenentatge i fracàs escolar

Dimarts, 25 de setembre del 2018 a les 19:00, a la Biblioteca Central d’Igualada, xerrada sobre Trastorns d’aprenentatge.

Els trastorns de l’aprenentatge poden ser l’origen del fracàs escolar. Tot i que l’infant té un nivell normal d’intel·ligència i una adequada escolarització, hem de començar a preocupar-se si aquest no avança en cap dels aprenentatges de la manera desitjada. Cal diferenciar les dificultats / retards puntuals en l’aprenentatge dels trastorns perquè aquests si que persisteixen durant tota la vida. En aquesta xerrada exposarem les dificultats dels trastorns més freqüents durant l’etapa escolar … dislèxia, TDAH … oferint una petita pinzellada. També tindrem en compte la importància de la implicació dels pares a l’escola.

La Xerrada l’organitza l’APPA (Associació de Psicòlogues i Psicòlegs de l’Anoia)

“No conozco a ningún divorciado feliz”

(Texto basado en una primera entrevista clínica, con nombres y circunstancias cambiados)

−La gente no se divorcia. No conozco a ningún divorciado feliz− me dice Agnes entre sollozos, apenas capaz de levantar la mirada del suelo, de ese suelo en el que su alma parece haberse quedado adherida, desplomada desde que su marido le dijo que no quería seguir viviendo con ella.

Tengo que morderme la lengua para no decir que yo tampoco conozco a ningún casado feliz. Pero eso no es pertinente. Y es más, probablemente ni siquiera es cierto. Como divorciado desde hace casi tres años, imagino que algo dentro de mí se revela ante la afirmación de Agnes, y me lleva a creer durante unos instantes que tampoco los casados son felices. Quizás algún reflejo me impulsa a querer creerlo así.

−Abandoné todo para ir tras Luis− sigue Agnes, sentada en la silla de felpa azul de mi despacho−mi puesto de trabajo fijo y bien remunerado como trabajadora social del Instituto Nacional de Salud de Francia, mi familia, mis amigos, mi país, mi vida.

Hace apenas 15 minutos que ha entrado a mi despacho, después que hace un par de semanas pidiera cita para una visita de psicología. Habla muy mal el español y me cuesta entenderla, así que debo adivinar lo que me quiere decir en más de una ocasión.

−Debo hacerle comprender que no va a estar con nadie mejor que conmigo, que me necesita−y entonces sus ojos brillan, aunque sin alegría, y su espalda encorvada se endereza un poco, aunque sin convicción. Me mira como el condenado que está en la sala de ejecuciones y de repente descubre un motivo que convencerá al verdugo del gran error e injusticia que está a punto de cometer. Y esta analogía no me parece ninguna exageración, pues desde que Luis dijo a Agnès que quería el divorcio, ella ya no lo ve sino como a un verdugo dispuesto a acabar con su vida. Ella, que se lo dio todo a Luis desde el primer momento, aceptaría de buen grado darle ahora también la vida, si no estuviera convencida como lo está de que con su sacrificio se desvanecerá la oportunidad de ser feliz de Luís y del hijo de ambos, Pierre, que ya tiene tres añitos. De hecho, es la infelicidad de su marido y de su hijo tras su muerte, lo que la convence de que tal suceso sería un sacrificio inútil.

Yo, que había apartado la mirada de sus ojos durante unos momentos para tomar unas notas, la miro de nuevo y le respondo.

−¿y qué te hace pensar que le vas a hacer comprender?

−Sé que reaccionará, que si insisto se dará cuenta de lo que me quiere, y de que volveremos a estar bien−contesta

−¿Y ese gran esfuerzo que vas a realizar para que él comprenda te dejará algún espacio para que puedas comprender tú?−le corto, antes de que siga por un camino que creo saber muy bien cuál es. Ella levanta las cejas y arruga la frente mostrándome que mi comentario le ha cogido a contrapié.

−Para mí todo está claro desde el día que lo abandoné todo por él−me doy cuenta de que sus cejas alzadas y frente arrugada quieren expresar que soy yo el que no comprende, y añade−para él también todo estaba claro hasta ahora que se ha confundido. Somos uno y he puesto una fe ciega en él para que me guie. Ni siquiera he necesitado aprender catalán o castellano en los diez años que llevo aquí.

Me doy cuenta de que a esta terapia le pueden ocurrir dos cosas: o que sea muy larga o que acabe hoy cuando Agnes vea que yo no le doy lo que ha venido a buscar.

 

Jose Fernández

Psicólogo en Igualada, Manresa y Barcelona (Barrio de la Sagrada familia)

Próxima Mesa de diálogo. La terapia familiar, la Mediación i la Coordinación de Parentalidad

 

Biblioteca Central de Igualada, 13 de junio a las 18.00h

La via judicial es la opción más popular y extendida entre la población a la hora de afrontar los conflictos en el ámbito familiar. A pesar de esta realidad, existen alternativas que pueden resultar más beneficiosas como, por ejemplo, la terapia familiar, la mediación y la coordinación de parentalidad. Cuando una pareja se divorcia puede fácilmente entrar en una dinámica destructiva que afectará negativamente a los hijos. Estos podrán tener problemas psicológicos, de relación, o en la escuela el origen de los cuales será principalmente la mala relación entre sus padres, y especialmente el hecho de que estos no pueden, no saben o no quieren mantener a sus hijos al margen de estos conflictos.  Así, los niños pueden recibir un diagnóstico psiquiátrico, pueden empezar a suspender asignaturas en la escuela, a no querer ver a uno de los padres, etc. Lejos de solucionar estas circunstancias, el litigio judicial puede muchas veces agravarlas, al agudizar el conflicto.

Conscientes de esta realidad, El Grupo de Trabajo de Coordinación de Coparentalidad de la Sección de Alternativas de Resolución de Conflictos del Col·legi Oficial de la Psicologia de Catalunya, junto a la Associació de Psicòlogues i Psicòlegs de l’Anoia han organitzado para el próximo día 13 de junio una mesa de diálogo con una doble finalidad:

Objetivos:

Por un lado difundir entre la ciudadanía estas alternativas al litigio judicial, ya que ayudan a resolver más eficazmente los conflictos en el ámbito de la familia después de la ruptura de una pareja. Por otro lado,  la Mesa redonda quiere informar y sensibilizar a todos los profesionales implicados en este ámbito que trabajan en la comarca de la Anoia y vecinas (jueces, fiscales, abogados, procuradores, psicólogos, asistentes sociales, educadores sociales, etc) sobre cómo emplear y aprovechar estas alternativas.  Los ponentes serán:

Pascual Ortuño: Magistrado, Sección 12 de la Audiencia Provincial de Barcelona

Connie Capdevila: Psicóloga y Mediadora; Coordinadora de Coparentalidad, Responsable del GT. de Coordinación de Coparentalidad del COPC

Cristina Martínez. Psicóloga y Mediadora; Vicepresidenta de la Sección de Alternativas de Resolució de Conflictos (COPC)

Guillermo Mattioli. Psicólogo y Terapeuta familiar; Presidente de la Sección de Psicología Clínica, de la Salud y Psicoterapia del COPC.

Modera: Jose Fernández; Psicólogo; Coordinador de Coparentalidad; Miembro del GT. de Coordinación de Parentalidad del COPC y secretario de l’Associació de Psicòlogues i Psicòlegs de l’Anoia

La Associació de Psicòlogues i Psicòlegs de l’Anoia (APPA) está comprometida con los temas de interés social relacionados con la salud mental. La judicialización de la vida es una de estos temas, y responsable de numerosos problemas psicológicos, familiares y sociales.

El acto es gratuito y abierto a todo el mundo y será presentado por la psicóloga y presidenta de la APPA, Montse Martí.

Más información y inscripciones en la web del COPC

Educar con Inteligencia Emocional

Desde la Psicología se le da actualmente mucha importancia a la Inteligencia Emocional

Hoy en día es habitual ver a padres y madres preocupados por la educación y el desarrollo de sus hijos, deseando que este se realice en un entorno saludable en donde se fomenten los valores y las habilidades sociales.

La educación emocional se centra en el niño/a teniendo en cuenta sus emociones y fomentando valores y hábitos saludables.

Frecuentemente oímos frases como “la escuela enseña” y “la familia educa”

Por parte de los padres es necesario que los dos tengan claro qué tipo de educación quieren para su hijo.

  • Tipo de educación autoritario, suelen ser padres/madres controladores/as y rígidos/as en los patrones de conducta preestablecidos.
  • Tipo de educación sobreprotectora, suelen aceptar las conductas de los hijos/as sin exigencias ni responsabilidades.
  • Tipos de educación asertiva, suelen dirigir y controlar a los hijos, pero teniendo en cuenta sus opiniones y capacidades. s.

Favorecer al entorno del niño/a es esencial, fomentar las emociones y no reprimirlas es la clave del éxito.

ES NECESARIO QUE LOS NIÑOS/AS TENGAN HORARIOS PREESTABLECIDOS, para que aprendan a autoorganizarse su día a día.

-Hora de levantarse (tareas: vestirse, lavarse, desayunar…)

-Hora de ir a la escuela (es necesario calcular el tiempo para llegar a la hora)

-Hora de comer (Es necesario tener un horario que posibilite la coincidencia con el mayor número de miembros de la familia)

-Tiempo para hacer los deberes.

-Tiempo para jugar

-Tiempo para utilizar el móvil

-Tiempo para mirar la televisión

-Hora de cenar

-Hora de ir a dormir

Aparte de las tareas organizativas es muy importante aprender a gestionar las emociones. En primer lugar, es necesario conocer las diferentes emociones básicas que son innatas en nosotros: miedo, ira, asco, alegría, tristeza, sorpresa. Estas emociones no son ni buenas ni malas, todas son energía. No expresar las emociones quiere decir reprimirlas, y esto sí que puede ser negativo.

Cuando somos conscientes de lo que sentimos podemos controlar i expresar los sentimientos de manera adecuada. Así canalizadas, las emociones nos ayudarán a comunicarnos, a sentir empatía, a ser asertivos, poder tener autocontrol, más facilidad para resolver problemas, aprenderemos a saber motivar.

Cuando conseguimos que los niños y niñas tengan autoorganización, y los padres y madres y el entorno facilitan las herramientas para desarrollar la inteligencia emocional, los niños/as adquieren la capacidad de adaptación social mediante el aprendizaje y la experiencia que adquieren en los asuntos del día a día.

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Organizamos Cursos de Inteligencia emocional en Igualada, Cervera, Manresa, y Barcelona (Barrio de la Sagrada familia) en PEHUÉN Psicología y Formación

enDOLç: Conferencia sobre todos los tipos de duelo

Conferencia  el próximo jueves dia 19 de abril a las 19h en la Biblioteca Central de Igualada.

Esta conferencia va a ser muy interesante, pues trata de todos los duelos que debemos enfrentar a lo largo de nuestra vida, también de los no reconocidos que atravesamos en silencio. Duelos no resueltos pueden solucionarse mediante psicoterapia. En Pehuén Psicologia y Formación te ayudamos a hacerlo. Visitamos en Igualada, Manresa, Cervera y Barcelona (Barrio de la Sagrada familia).

Entender, detectar y  normalizar los procesos de duelo y muerte nos puede ayudar a vivir desde otra perspectiva. A menudo, en nuestra sociedad y cultura dedicamos más esfuerzo a alargar la vida que en vivirla, y olvidamos que la muerte forma parte de la vida de manera constante, ofreciendonos las herramientas para una vida más plena y consciente.La conferencia la organitza l’Associació de Psicòlogues i Psicòlegs de l’Anoia, con la colaboración de la Biblioteca Central de Igualada y el Ayuntamiento de Igualada

Pido para mí el aprender a pedir

Preguntas

Aquello que más perseguimos es lo que nos resulta más esquivo. Cuando estamos a punto de perder a alguien nos aferramos a esa persona, y así aceleramos que se nos escape.

Cuando queremos ayudar es cuando resultamos de menos ayuda. Especialmente si tenemos tantas ganas de ayudar que acabamos forzando la situación. En realidad no somos conscientes de que estamos forzando en esos momentos nada. Es simplemente que estamos convencidos de algo, y ese convencimiento nos hace impetuosos. Ese convencimiento nos aleja de los puntos de vista de los demás, que ni siquiera podemos llegar a considerar: sólo vemos lo nuestro. Y confundimos lo que es mejor para nosotros con lo que es mejor para los demás. Esa es una confusión muy grave, pues es muy difícil de corregir.

Los testigos de Jehova están convencidos de que sólo 100.000 personas se salvarán del infierno. Para entrar en ese cupo hay que hacer una serie de cosas durante nuestra vida. Cuando un testigo de Jehová nos aborda por la calle, lo único que pretende es ayudarnos a ser una de esas 100.000 personas, y da por descontado que ese es también nuestro máximo interés. Por eso son tan vehementes.

En realidad, todos somos un poco testigos de Jehová en nuestras vidas. En el terreno de las relaciones personales es donde esta manera de actuar se muestra con toda su crudeza, casi de manera violenta.

Recientemente me he encontrado un cliente para el que la vida no tiene sentido más allá de la relación de pareja. Tengo que decir que esto no es la primera vez que me sucede. Su pareja lo es todo para él. Y si su pareja decide como lo ha hecho que la relación se ha acabado, entonces a esa persona ya no le queda nada. Nada, excepto luchar. Luchar para que esa relación no acabe. Preguntarse qué es lo que ha hecho mal, o qué es lo que podría hacer mejor, y castigarse primero por ello, y hacerse el firme propósito después de enmendarse, autoengañándose con la idea de que al corregirse él la persona querida no se irá. ¿Cuánto cuesta en esos momentos escuchar y aceptar lo que la otra persona pide? ¿Cuánto cuesta dejar de mirar lo que uno quiere, lo que uno necesita en esos momentos?, ¿Cuánto cuesta dejar de ver que lo que yo creo que es mejor para mí no es necesariamente lo que es mejor para la otra persona? ¿Cuánto cuesta ver que son dos cosas diferentes?

Dejar ir a una persona. Desprenderse. Hubo un tiempo en que la otra persona pidió, y repitió lo que quería. Pero ese tiempo ya pasó, y ahora ha tomado una determinación. Y es importante respetarla. Una de las formas más brutales de agresión sucede cuando alguien cree saber mejor que la otra persona lo que es mejor para ella. Eso es válido para adultos a cargo de niños, y ni siquiera en este caso es siempre así.

Tenemos que aprender a pedir. Es una virtud pedir sin complejos, sin pensar que no nos merecemos lo que pedimos. Y ese aprendizaje corre paralelo a aceptar que nos digan que No a lo que pedimos, a aprender que la otra persona merece que aceptemos su negativa. Poner el foco en lo que la otra persona merece, y desviarlo así de lo que nosotros creemos merecer, nos hace grandes.  Y nos hace responsables de lo único de lo que lo somos en realidad: de nosotros mismos.

Saber pedir y saber aceptar la respuesta. Son las dos caras de una misma moneda. Dos aprendizajes que dependen el uno del otro. Hay muchas maneras de realizar este aprendizaje a medias, o de no realizarlo en absoluto. Algunas pueden ser:

  • Espero que la otra persona se dé cuenta de lo que necesito sin tener que pedirlo. Esto me ahorra a mi tener que hacer la petición. Cuando la otra persona no responde como espero me siento herida. En este caso ni sé pedir ni sé aceptar la respuesta. Y para redondearlo, suele ocurrir que no comparto qué es lo que me ha producido la herida, o hasta el mismo hecho de que se ha producido tal herida. Más tarde, u otro día, saltaré a la yugular del que me la produjo por cualquier estupidez, o peor aún, saltaré a la yugular de alguien que no tiene nada que ver con quien me produjo la herida. Lo cierto en realidad es que esa herida me la produje yo sólo.
  • Pido algo, pero lo pido con tan poco ímpetu que en la pregunta ya estoy sugiriendo la respuesta: “No me lo concedas”. En estos casos, suele ocurrir que en realidad busco el No para aumentar mi munición cuando se presente un conflicto con quien así me responde. Cuando tal conflicto estalle podré decirle: “te pedí x y pasaste de mi” y el convencimiento con que diré estas palabras será mucho mayor que el que mostré al hacer la petición inicialmente.
  • Pido algo, pero aclaro y pongo mucho énfasis en que sólo lo quiero si a la otra persona no le molesta hacer lo que le pido. De hecho, pongo más énfasis en que para la otra persona no sea una molestia que en la petición en sí misma. Y acabamos debatiendo sobre si es una molestia o no es una molestia lo que le pido.
  • Pienso tanto tiempo en si lo pido o no que cuando lo pido ya no es el momento oportuno para pedir. Y aunque en realidad el refrán más vale tarde que nunca es plenamente aplicable aquí, me convenzo a mí mismo de que ya no es el momento de pedir lo que iba a pedir, y no hago la petición.
  • Pienso que si pido ahora un favor más tarde tendré que devolverlo yo. Así, si no pido en primer lugar me ahorraré tener que devolver después. Es un clásico en estos tiempos de hospitabilidad desmesurada no aceptar invitaciones a casas ajenas para no tener después que invitar a la propia. Hay una ley no escrita pero de riguroso cumplimiento que tiene que ver con la equidad entre lo que se da y lo que se recibe. Hay quien se toma esta ley extremadamente al pie de la letra. Un conocido mío me explicó que le regaló a un amigo suyo 50.000 pesetas para su boda. De camino a la misma paró junto a su mujer en una gasolinera para repostar, al lado de la cual había un puesto ambulante de cerámica donde se exhibían unos tiestos en forma de zapatilla que le hicieron mucha gracia. De repente, enfrente de todas esas zapatillas de cerámica pensó que le llevaría una a su amigo. Cuando quien me explicó esta historia se casó e invitó a su amigo, en el sobre de su regalo había 51.000 pesetas.

La cosa se complica más, como siempre que hay personas por medio, cuando pido bien algo, pero es la otra persona la que no sabe responder. Cuando me da evasivas, “Ya te diré algo” o no responde nada en absoluto. Entonces un nuevo panorama se abre ante nosotros. Creo que saber preguntar implica en estos casos insistir en que nos den la respuesta.  Seguramente hay una fina línea entre el insistir y el ser pesado, y el saber establecer dónde está esa línea es una habilidad importante que también se aprende. Porque saber preguntar implica saber insistir en caso de que no nos respondan, pues puede haber mil motivos detrás del silencio, pero no el ser pesado o agobiante para que lo hagan.

Creo de verdad que si aprendemos a pedir primero y a aceptar la respuesta que nos den después, nuestra vida y nuestras relaciones serán más ricas y satisfactorias.

En estos tiempos de deseos y peticiones para el año nuevo, pido para mí el aprender a pedir.