Autocrecimiento 2018-19.

Somos en la relación.

Próximanente darán inicio los cursos de esta edición en nuestro centro. Estos cursos se plantean, por un lado, como un lugar para trabajar el autocrecimiento personal creando un espacio grupal de apoyo y ayuda mútuos. Por otro lado, partimos del supósito de que cada persona se debe enfrentar a los mismos retos en la vida.  Básicamente  autoafirmarse a la vez que establecer vínculos sólidos con las otras personas del entorno familiar, laboral o social. En este sentido cada persona es una fuente inagotable de sabiduría y creatividad. Los grupos posibilitan y estimulan que todos sus integrantes puedan beber de esa fuente, a la cual también alimentan con su experiencia. De esta manera los grupos generan un espacio del cual todo el mundo puede extraer motivación y conocimiento. Pero los grupos aún sirven a una tercera función quizás más básica que la motivación y el conocimiento. Estamos hablando del reconocimiento. Porque no podemos enseñar de otra manera que mediante el ejemplo, los grupos constituyen un lugar de respeto mútuo, es decir, de reconocimiento de la manera en que cada persona se enfrenta a estos retos comunes universales. Los grupos ofrecen reconocimiento y reverencia hacia la voluntad de sus integrantes de abrir su alma, si así lo deciden, para compartir lo que hay dentro de ella con los otros miembros del grupo.

Así, a medio camino entre la clase en la cual se imparten unos conocimientos, y el grupo de ayuda mútua, los cursos de Pehuén ofrecen básicamente Motivación, Conocimiento y Reconocimiento.

Este año, el eje de la propuesta formativa que presentamos está en la relación con los demás. Son nuestras relaciones las que nos definen, es la forma en como nos relacionamos la que nos perfila. Por eso afirmamos que SOMOS EN LA RELACIÓN.

Para más información sobre fechas, horarios y precios de cada curso escríbenos a: info@pehuenpsicologia.com  o llámanos al telf. 93 803 49 14

 

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Dificultats d’aprenentatge i fracàs escolar

Dimarts, 25 de setembre del 2018 a les 19:00, a la Biblioteca Central d’Igualada, xerrada sobre Trastorns d’aprenentatge.

Els trastorns de l’aprenentatge poden ser l’origen del fracàs escolar. Tot i que l’infant té un nivell normal d’intel·ligència i una adequada escolarització, hem de començar a preocupar-se si aquest no avança en cap dels aprenentatges de la manera desitjada. Cal diferenciar les dificultats / retards puntuals en l’aprenentatge dels trastorns perquè aquests si que persisteixen durant tota la vida. En aquesta xerrada exposarem les dificultats dels trastorns més freqüents durant l’etapa escolar … dislèxia, TDAH … oferint una petita pinzellada. També tindrem en compte la importància de la implicació dels pares a l’escola.

La Xerrada l’organitza l’APPA (Associació de Psicòlogues i Psicòlegs de l’Anoia)

“No conozco a ningún divorciado feliz”

(Texto basado en una primera entrevista clínica, con nombres y circunstancias cambiados)

−La gente no se divorcia. No conozco a ningún divorciado feliz− me dice Agnes entre sollozos, apenas capaz de levantar la mirada del suelo, de ese suelo en el que su alma parece haberse quedado adherida, desplomada desde que su marido le dijo que no quería seguir viviendo con ella.

Tengo que morderme la lengua para no decir que yo tampoco conozco a ningún casado feliz. Pero eso no es pertinente. Y es más, probablemente ni siquiera es cierto. Como divorciado desde hace casi tres años, imagino que algo dentro de mí se revela ante la afirmación de Agnes, y me lleva a creer durante unos instantes que tampoco los casados son felices. Quizás algún reflejo me impulsa a querer creerlo así.

−Abandoné todo para ir tras Luis− sigue Agnes, sentada en la silla de felpa azul de mi despacho−mi puesto de trabajo fijo y bien remunerado como trabajadora social del Instituto Nacional de Salud de Francia, mi familia, mis amigos, mi país, mi vida.

Hace apenas 15 minutos que ha entrado a mi despacho, después que hace un par de semanas pidiera cita para una visita de psicología. Habla muy mal el español y me cuesta entenderla, así que debo adivinar lo que me quiere decir en más de una ocasión.

−Debo hacerle comprender que no va a estar con nadie mejor que conmigo, que me necesita−y entonces sus ojos brillan, aunque sin alegría, y su espalda encorvada se endereza un poco, aunque sin convicción. Me mira como el condenado que está en la sala de ejecuciones y de repente descubre un motivo que convencerá al verdugo del gran error e injusticia que está a punto de cometer. Y esta analogía no me parece ninguna exageración, pues desde que Luis dijo a Agnès que quería el divorcio, ella ya no lo ve sino como a un verdugo dispuesto a acabar con su vida. Ella, que se lo dio todo a Luis desde el primer momento, aceptaría de buen grado darle ahora también la vida, si no estuviera convencida como lo está de que con su sacrificio se desvanecerá la oportunidad de ser feliz de Luís y del hijo de ambos, Pierre, que ya tiene tres añitos. De hecho, es la infelicidad de su marido y de su hijo tras su muerte, lo que la convence de que tal suceso sería un sacrificio inútil.

Yo, que había apartado la mirada de sus ojos durante unos momentos para tomar unas notas, la miro de nuevo y le respondo.

−¿y qué te hace pensar que le vas a hacer comprender?

−Sé que reaccionará, que si insisto se dará cuenta de lo que me quiere, y de que volveremos a estar bien−contesta

−¿Y ese gran esfuerzo que vas a realizar para que él comprenda te dejará algún espacio para que puedas comprender tú?−le corto, antes de que siga por un camino que creo saber muy bien cuál es. Ella levanta las cejas y arruga la frente mostrándome que mi comentario le ha cogido a contrapié.

−Para mí todo está claro desde el día que lo abandoné todo por él−me doy cuenta de que sus cejas alzadas y frente arrugada quieren expresar que soy yo el que no comprende, y añade−para él también todo estaba claro hasta ahora que se ha confundido. Somos uno y he puesto una fe ciega en él para que me guie. Ni siquiera he necesitado aprender catalán o castellano en los diez años que llevo aquí.

Me doy cuenta de que a esta terapia le pueden ocurrir dos cosas: o que sea muy larga o que acabe hoy cuando Agnes vea que yo no le doy lo que ha venido a buscar.

 

Jose Fernández

Psicólogo en Igualada, Manresa y Barcelona (Barrio de la Sagrada familia)

Próxima Mesa de diálogo. La terapia familiar, la Mediación i la Coordinación de Parentalidad

 

Biblioteca Central de Igualada, 13 de junio a las 18.00h

La via judicial es la opción más popular y extendida entre la población a la hora de afrontar los conflictos en el ámbito familiar. A pesar de esta realidad, existen alternativas que pueden resultar más beneficiosas como, por ejemplo, la terapia familiar, la mediación y la coordinación de parentalidad. Cuando una pareja se divorcia puede fácilmente entrar en una dinámica destructiva que afectará negativamente a los hijos. Estos podrán tener problemas psicológicos, de relación, o en la escuela el origen de los cuales será principalmente la mala relación entre sus padres, y especialmente el hecho de que estos no pueden, no saben o no quieren mantener a sus hijos al margen de estos conflictos.  Así, los niños pueden recibir un diagnóstico psiquiátrico, pueden empezar a suspender asignaturas en la escuela, a no querer ver a uno de los padres, etc. Lejos de solucionar estas circunstancias, el litigio judicial puede muchas veces agravarlas, al agudizar el conflicto.

Conscientes de esta realidad, El Grupo de Trabajo de Coordinación de Coparentalidad de la Sección de Alternativas de Resolución de Conflictos del Col·legi Oficial de la Psicologia de Catalunya, junto a la Associació de Psicòlogues i Psicòlegs de l’Anoia han organitzado para el próximo día 13 de junio una mesa de diálogo con una doble finalidad:

Objetivos:

Por un lado difundir entre la ciudadanía estas alternativas al litigio judicial, ya que ayudan a resolver más eficazmente los conflictos en el ámbito de la familia después de la ruptura de una pareja. Por otro lado,  la Mesa redonda quiere informar y sensibilizar a todos los profesionales implicados en este ámbito que trabajan en la comarca de la Anoia y vecinas (jueces, fiscales, abogados, procuradores, psicólogos, asistentes sociales, educadores sociales, etc) sobre cómo emplear y aprovechar estas alternativas.  Los ponentes serán:

Pascual Ortuño: Magistrado, Sección 12 de la Audiencia Provincial de Barcelona

Connie Capdevila: Psicóloga y Mediadora; Coordinadora de Coparentalidad, Responsable del GT. de Coordinación de Coparentalidad del COPC

Cristina Martínez. Psicóloga y Mediadora; Vicepresidenta de la Sección de Alternativas de Resolució de Conflictos (COPC)

Guillermo Mattioli. Psicólogo y Terapeuta familiar; Presidente de la Sección de Psicología Clínica, de la Salud y Psicoterapia del COPC.

Modera: Jose Fernández; Psicólogo; Coordinador de Coparentalidad; Miembro del GT. de Coordinación de Parentalidad del COPC y secretario de l’Associació de Psicòlogues i Psicòlegs de l’Anoia

La Associació de Psicòlogues i Psicòlegs de l’Anoia (APPA) está comprometida con los temas de interés social relacionados con la salud mental. La judicialización de la vida es una de estos temas, y responsable de numerosos problemas psicológicos, familiares y sociales.

El acto es gratuito y abierto a todo el mundo y será presentado por la psicóloga y presidenta de la APPA, Montse Martí.

Más información y inscripciones en la web del COPC

Educar con Inteligencia Emocional

Desde la Psicología se le da actualmente mucha importancia a la Inteligencia Emocional

Hoy en día es habitual ver a padres y madres preocupados por la educación y el desarrollo de sus hijos, deseando que este se realice en un entorno saludable en donde se fomenten los valores y las habilidades sociales.

La educación emocional se centra en el niño/a teniendo en cuenta sus emociones y fomentando valores y hábitos saludables.

Frecuentemente oímos frases como “la escuela enseña” y “la familia educa”

Por parte de los padres es necesario que los dos tengan claro qué tipo de educación quieren para su hijo.

  • Tipo de educación autoritario, suelen ser padres/madres controladores/as y rígidos/as en los patrones de conducta preestablecidos.
  • Tipo de educación sobreprotectora, suelen aceptar las conductas de los hijos/as sin exigencias ni responsabilidades.
  • Tipos de educación asertiva, suelen dirigir y controlar a los hijos, pero teniendo en cuenta sus opiniones y capacidades. s.

Favorecer al entorno del niño/a es esencial, fomentar las emociones y no reprimirlas es la clave del éxito.

ES NECESARIO QUE LOS NIÑOS/AS TENGAN HORARIOS PREESTABLECIDOS, para que aprendan a autoorganizarse su día a día.

-Hora de levantarse (tareas: vestirse, lavarse, desayunar…)

-Hora de ir a la escuela (es necesario calcular el tiempo para llegar a la hora)

-Hora de comer (Es necesario tener un horario que posibilite la coincidencia con el mayor número de miembros de la familia)

-Tiempo para hacer los deberes.

-Tiempo para jugar

-Tiempo para utilizar el móvil

-Tiempo para mirar la televisión

-Hora de cenar

-Hora de ir a dormir

Aparte de las tareas organizativas es muy importante aprender a gestionar las emociones. En primer lugar, es necesario conocer las diferentes emociones básicas que son innatas en nosotros: miedo, ira, asco, alegría, tristeza, sorpresa. Estas emociones no son ni buenas ni malas, todas son energía. No expresar las emociones quiere decir reprimirlas, y esto sí que puede ser negativo.

Cuando somos conscientes de lo que sentimos podemos controlar i expresar los sentimientos de manera adecuada. Así canalizadas, las emociones nos ayudarán a comunicarnos, a sentir empatía, a ser asertivos, poder tener autocontrol, más facilidad para resolver problemas, aprenderemos a saber motivar.

Cuando conseguimos que los niños y niñas tengan autoorganización, y los padres y madres y el entorno facilitan las herramientas para desarrollar la inteligencia emocional, los niños/as adquieren la capacidad de adaptación social mediante el aprendizaje y la experiencia que adquieren en los asuntos del día a día.

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Organizamos Cursos de Inteligencia emocional en Igualada, Cervera, Manresa, y Barcelona (Barrio de la Sagrada familia) en PEHUÉN Psicología y Formación

enDOLç: Conferencia sobre todos los tipos de duelo

Conferencia  el próximo jueves dia 19 de abril a las 19h en la Biblioteca Central de Igualada.

Esta conferencia va a ser muy interesante, pues trata de todos los duelos que debemos enfrentar a lo largo de nuestra vida, también de los no reconocidos que atravesamos en silencio. Duelos no resueltos pueden solucionarse mediante psicoterapia. En Pehuén Psicologia y Formación te ayudamos a hacerlo. Visitamos en Igualada, Manresa, Cervera y Barcelona (Barrio de la Sagrada familia).

Entender, detectar y  normalizar los procesos de duelo y muerte nos puede ayudar a vivir desde otra perspectiva. A menudo, en nuestra sociedad y cultura dedicamos más esfuerzo a alargar la vida que en vivirla, y olvidamos que la muerte forma parte de la vida de manera constante, ofreciendonos las herramientas para una vida más plena y consciente.La conferencia la organitza l’Associació de Psicòlogues i Psicòlegs de l’Anoia, con la colaboración de la Biblioteca Central de Igualada y el Ayuntamiento de Igualada

Pido para mí el aprender a pedir

Preguntas

Aquello que más perseguimos es lo que nos resulta más esquivo. Cuando estamos a punto de perder a alguien nos aferramos a esa persona, y así aceleramos que se nos escape.

Cuando queremos ayudar es cuando resultamos de menos ayuda. Especialmente si tenemos tantas ganas de ayudar que acabamos forzando la situación. En realidad no somos conscientes de que estamos forzando en esos momentos nada. Es simplemente que estamos convencidos de algo, y ese convencimiento nos hace impetuosos. Ese convencimiento nos aleja de los puntos de vista de los demás, que ni siquiera podemos llegar a considerar: sólo vemos lo nuestro. Y confundimos lo que es mejor para nosotros con lo que es mejor para los demás. Esa es una confusión muy grave, pues es muy difícil de corregir.

Los testigos de Jehova están convencidos de que sólo 100.000 personas se salvarán del infierno. Para entrar en ese cupo hay que hacer una serie de cosas durante nuestra vida. Cuando un testigo de Jehová nos aborda por la calle, lo único que pretende es ayudarnos a ser una de esas 100.000 personas, y da por descontado que ese es también nuestro máximo interés. Por eso son tan vehementes.

En realidad, todos somos un poco testigos de Jehová en nuestras vidas. En el terreno de las relaciones personales es donde esta manera de actuar se muestra con toda su crudeza, casi de manera violenta.

Recientemente me he encontrado un cliente para el que la vida no tiene sentido más allá de la relación de pareja. Tengo que decir que esto no es la primera vez que me sucede. Su pareja lo es todo para él. Y si su pareja decide como lo ha hecho que la relación se ha acabado, entonces a esa persona ya no le queda nada. Nada, excepto luchar. Luchar para que esa relación no acabe. Preguntarse qué es lo que ha hecho mal, o qué es lo que podría hacer mejor, y castigarse primero por ello, y hacerse el firme propósito después de enmendarse, autoengañándose con la idea de que al corregirse él la persona querida no se irá. ¿Cuánto cuesta en esos momentos escuchar y aceptar lo que la otra persona pide? ¿Cuánto cuesta dejar de mirar lo que uno quiere, lo que uno necesita en esos momentos?, ¿Cuánto cuesta dejar de ver que lo que yo creo que es mejor para mí no es necesariamente lo que es mejor para la otra persona? ¿Cuánto cuesta ver que son dos cosas diferentes?

Dejar ir a una persona. Desprenderse. Hubo un tiempo en que la otra persona pidió, y repitió lo que quería. Pero ese tiempo ya pasó, y ahora ha tomado una determinación. Y es importante respetarla. Una de las formas más brutales de agresión sucede cuando alguien cree saber mejor que la otra persona lo que es mejor para ella. Eso es válido para adultos a cargo de niños, y ni siquiera en este caso es siempre así.

Tenemos que aprender a pedir. Es una virtud pedir sin complejos, sin pensar que no nos merecemos lo que pedimos. Y ese aprendizaje corre paralelo a aceptar que nos digan que No a lo que pedimos, a aprender que la otra persona merece que aceptemos su negativa. Poner el foco en lo que la otra persona merece, y desviarlo así de lo que nosotros creemos merecer, nos hace grandes.  Y nos hace responsables de lo único de lo que lo somos en realidad: de nosotros mismos.

Saber pedir y saber aceptar la respuesta. Son las dos caras de una misma moneda. Dos aprendizajes que dependen el uno del otro. Hay muchas maneras de realizar este aprendizaje a medias, o de no realizarlo en absoluto. Algunas pueden ser:

  • Espero que la otra persona se dé cuenta de lo que necesito sin tener que pedirlo. Esto me ahorra a mi tener que hacer la petición. Cuando la otra persona no responde como espero me siento herida. En este caso ni sé pedir ni sé aceptar la respuesta. Y para redondearlo, suele ocurrir que no comparto qué es lo que me ha producido la herida, o hasta el mismo hecho de que se ha producido tal herida. Más tarde, u otro día, saltaré a la yugular del que me la produjo por cualquier estupidez, o peor aún, saltaré a la yugular de alguien que no tiene nada que ver con quien me produjo la herida. Lo cierto en realidad es que esa herida me la produje yo sólo.
  • Pido algo, pero lo pido con tan poco ímpetu que en la pregunta ya estoy sugiriendo la respuesta: “No me lo concedas”. En estos casos, suele ocurrir que en realidad busco el No para aumentar mi munición cuando se presente un conflicto con quien así me responde. Cuando tal conflicto estalle podré decirle: “te pedí x y pasaste de mi” y el convencimiento con que diré estas palabras será mucho mayor que el que mostré al hacer la petición inicialmente.
  • Pido algo, pero aclaro y pongo mucho énfasis en que sólo lo quiero si a la otra persona no le molesta hacer lo que le pido. De hecho, pongo más énfasis en que para la otra persona no sea una molestia que en la petición en sí misma. Y acabamos debatiendo sobre si es una molestia o no es una molestia lo que le pido.
  • Pienso tanto tiempo en si lo pido o no que cuando lo pido ya no es el momento oportuno para pedir. Y aunque en realidad el refrán más vale tarde que nunca es plenamente aplicable aquí, me convenzo a mí mismo de que ya no es el momento de pedir lo que iba a pedir, y no hago la petición.
  • Pienso que si pido ahora un favor más tarde tendré que devolverlo yo. Así, si no pido en primer lugar me ahorraré tener que devolver después. Es un clásico en estos tiempos de hospitabilidad desmesurada no aceptar invitaciones a casas ajenas para no tener después que invitar a la propia. Hay una ley no escrita pero de riguroso cumplimiento que tiene que ver con la equidad entre lo que se da y lo que se recibe. Hay quien se toma esta ley extremadamente al pie de la letra. Un conocido mío me explicó que le regaló a un amigo suyo 50.000 pesetas para su boda. De camino a la misma paró junto a su mujer en una gasolinera para repostar, al lado de la cual había un puesto ambulante de cerámica donde se exhibían unos tiestos en forma de zapatilla que le hicieron mucha gracia. De repente, enfrente de todas esas zapatillas de cerámica pensó que le llevaría una a su amigo. Cuando quien me explicó esta historia se casó e invitó a su amigo, en el sobre de su regalo había 51.000 pesetas.

La cosa se complica más, como siempre que hay personas por medio, cuando pido bien algo, pero es la otra persona la que no sabe responder. Cuando me da evasivas, “Ya te diré algo” o no responde nada en absoluto. Entonces un nuevo panorama se abre ante nosotros. Creo que saber preguntar implica en estos casos insistir en que nos den la respuesta.  Seguramente hay una fina línea entre el insistir y el ser pesado, y el saber establecer dónde está esa línea es una habilidad importante que también se aprende. Porque saber preguntar implica saber insistir en caso de que no nos respondan, pues puede haber mil motivos detrás del silencio, pero no el ser pesado o agobiante para que lo hagan.

Creo de verdad que si aprendemos a pedir primero y a aceptar la respuesta que nos den después, nuestra vida y nuestras relaciones serán más ricas y satisfactorias.

En estos tiempos de deseos y peticiones para el año nuevo, pido para mí el aprender a pedir.

Mis ganas de ganar no llegan a tanto: Conceptos sobre sugestión, hipnosis y manipulación

Escaleras

A una niña de 8 años aquejada de dolor de cuello que le impedía tragar cualquier tipo de alimento, le pedí que me dejará su buff y que me ayudará, mediante un ritual, a convertirlo en un buff mágico, que soluciona todo lo que toca. Así lo hicimos y después se lo volvió a poner. El problema quedó solucionado al instante. Esto parece muy fantasioso, muy infantil. Los adultos somos más racionales. ¿O no?

André Agassi, en el Roland Garros de 1999, tras haberse divorciado de Brooke Shields hacía sólo unos meses, en un estado de ánimo por consiguiente lamentable, y con muchos problemas físicos de hombro, se dio cuenta de que en el partido de primera ronda del torneo se había dejado los calzoncillos. Él era muy meticuloso, y no se imaginaba cómo podía jugar sin calzoncillos. Por aquel entonces ya llevaba 13 años como profesional, y había ganado todos los torneos del Grand Slam, excepto Roland Garros, que se le resistía. Había perdido tres finales en París, y ese era un escenario maldito para él. Su entrenador le ofreció dejarle sus calzoncillos. Pero Agassi le respondió que sus ganas de ganar no llegaban a tanto. Pues bien: ganó el partido. Cuando una cosa funciona, no la cambias, dijo después, y ya no se puso calzoncillos en todo el torneo: Lo ganó. Ya no se los puso más a lo largo de toda su vida tenística.

Si yo os pregunto: ¿es por el hecho de no llevar calzoncillos que Agassi ganó Roland Garros en 1999? Evidentemente todos responderemos que no. Pero quien haya hecho deporte en serio sabe que en los momentos de las finales la tensión es alta, y que detalles estúpidos pueden marcar la diferencia. Detalles estúpidos que tienen que ver con tener la actitud adecuada. Y en ese sentido todos los amuletos y rituales pueden decantar la balanza. Agassi ganó Roland Garros fundamentalmente por toda la cantidad de trabajo que había hecho, por las horas y horas de entrenamiento. Y claro, ¿porque no? por creer que jugar sin calzoncillos le traería suerte. La hipnosis es como esos calzoncillos. Tiene que ver con creer, con la fe. La fe no es suficiente para ganar Roland Garros, o para conseguir cualquier cosa que creamos que merece la pena en nuestra vida. De hecho, por sí misma es muy poca cosa. Pero es necesaria para conseguir todo lo que requiere un esfuerzo y no es fácil, y si no la tenemos, no conseguiremos nada.

Y aquí está presente un elemento que tiene que ver con la manipulación. Necesito fe, convicción, esperanza. Esos son elementos que sólo yo puedo tener. De hecho, no necesito a nadie para tenerlos, y por mucho que me digan, sólo soy yo el que puede creer, (que por ejemplo jugando sin calzoncillos me irá mejor). No obstante, eso en lo que creo puede estar sujeto a manipulación. Pongamos por caso que me hacen creer que para conseguir alguna cosa valiosa para mí, necesito primero algo que no poseo, y que para poseer debo comprar. Este es el núcleo básico del consumismo: venderme algo que hará mi vida mejor. También pueden hacerme creer, o creérmelo yo solito, que necesito a alguna persona (media naranja) para yo estar bien, o que no me las arreglaré sólo en alguna cuestión. Todas estas creencias fomentan la dependencia.

En la hipnosis, para que sea honesta, es importante incidir en que lo importante es creer, no en lo que se cree. Cuando damos más importancia a lo que creemos que al hecho de creer, abrimos la puerta a la manipulación, como siempre que fomentamos una creencia falsa. Abrimos la puerta a la manipulación porque cambiamos el énfasis desde el yo, que soy el que cree, al otro o a lo otro, en quien creo o en lo que creo. Por los mismos motivos, le abrimos la puerta a la dependencia de ese otro o de eso otro si llego a creer que los necesito para conseguir algo, de manera que cuando no disponga de ello me veré disminuido hasta el punto de fracasar en mi misión.

Si lo importante es creer, y no en lo que se cree, soy yo el que tiene la sartén por el mango, pues la capacidad de creer es enteramente mía.

Si lo importante es en quien se cree, o en lo que se cree, yo pierdo protagonismo y lo gana ese alguien: (algún gurú, o líder de cualquier tipo, por ejemplo) o ese algo (alguna doctrina o ideología política, o terapéutica, por ejemplo)

Pongamos por caso las Flores de Bach. Si yo creo que para que funcionen lo importante es que yo me crea que funcionaran, estamos hablando de una cosa. Si yo creo que para que funcionen lo importante es su composición, estamos hablando de otra. En el primer caso lo importante es mi actitud, en definitiva, lo importante soy yo. En el segundo, lo importante son las Flores de Bach en sí mismas, y de lo que están hechas. En el primer caso, en definitiva, se fomenta la responsabilidad personal, mientras que en el segundo la dependencia de mi bienestar de algo exterior a mí. En la realidad ambos tipos de creencias siempre acostumbran a estar mezcladas, y es probablemente una cuestión de énfasis. Es decir, cuando me las tomo, creo que las flores de Bach me harán bien, y además lo creo por su composición.

Hasta tal punto son importantes las expectativas que tengo ante un medicamento para explicar su efecto, que cuando éstas se eliminan, por ejemplo, ocultándole al paciente que se le ha administrado, su efecto disminuye considerablemente. Es lo que ocurre con la administración de un producto nada sospechoso de ser placebo: La morfina, en pacientes aquejados de dolor agudo, tal y como ha sido demostrado en varios estudios. Cuando la morfina se les administra a estos pacientes sin ellos ser conscientes, su efecto en la reducción del dolor es significativamente menor.

El tiempo es oro

Señal

Hace unos días acabé de impartir el curso de Gestión del Tiempo que el ICS había encargado a institutpehuén para sus trabajadores en la Cataluña central. La verdad es que me gustaría repasar varias de las ideas básicas para mí del mismo.

Peter Drucker dijo que el tiempo es el recurso más complejo, y que quien no sabe gestionarlo no sabe gestionar nada. Esta frase es muy lapidaria, pero no puedo estar más de acuerdo con ella. De hecho, no hay nada de lo que podamos hacer o pensar que no necesite de ese recurso al que denominamos tiempo, lo cual lo diferencia de la totalidad de los otros recursos, que pueden ser necesarios para unas cosas, o muchas cosas, pero que nunca lo son para todas, como lo es el tiempo. Otra frase, que elegí para mis postales de navidad de hace un par de años dice que “somos el tiempo que nos queda”. En ella se nos sugiere que la condición para ser es que tengamos un tiempo para ello, de la misma manera que la condición para jugar al futbol es tener una pelota, por ejemplo. Y así, igual que sin pelota no habría fútbol, sin tiempo no habría ser.  También esa frase es una invitación a aprovechar el tiempo, a practicar el carpe diem. Pero ¿qué es aprovechar el tiempo? La respuesta que dábamos en el curso a tal pregunta era que aprovechar el tiempo es hacer lo más importante que en cada instante tienes la oportunidad de hacer. Dicho de otra manera, si en un determinado momento estás haciendo algo menos importante que otra cosa que podrías estar haciendo en su lugar, entonces, estás perdiendo el tiempo. Para ejemplificar esta idea les decía a las alumnas (la mayoría eran mujeres) que si en esos instantes tenían cosas más importantes que hacer que estar escuchándome a mí en el curso, entonces estaban perdiendo el tiempo. A este comentario seguían risas, y seguidamente yo les rogaba que se abstuvieran de hacer cualquier aclaración adicional.

El párrafo anterior nos lleva a la necesidad de determinar qué es lo importante para cada uno, y de lo básico que resulta saberlo con claridad para evitar perder el tiempo. El establecer lo que es importante para nosotros no es una tarea que se pueda delegar, aunque muchos quisieran hacerlo, o de hecho lo hagan. Victor Frankl, al que cito frecuentemente en este blog, dice que muchos esperan a que la vida les revele cual debe ser su papel en ella. Esperan a que alguna circunstancia, lugar, persona o Dios les ilumine. Esperan encontrar el camino. En definitiva: esperan. Señala que esa es una actitud errónea, pues no debemos preguntarle a la vida cuál es nuestra misión, y esperar a que ella nos responda de alguna manera. Por el contrario señala Frankl que es la vida la que nos pregunta a nosotros por nuestra aportación, y que somos nosotros y nadie más los que tenemos la responsabilidad, la obligación incluso, de responder. Esa es una tarea solitaria que suele dar pánico. Tanto, que podemos acabar delegándola. Si así lo hacemos nos libraremos del miedo a decidir, pero a un precio. El precio será que acabaremos haciendo en cada momento no lo que es importante para nosotros, sino lo que es importante para aquel o aquella que respondió la pregunta por nosotros.   Así, acabaremos siendo para otro, y por mucho tiempo que tengamos no acabaremos siendo realmente.

Las preguntas adecuadas

Las preguntas de la vida

El pasado 16 de diciembre Carlos Chimpén, presidente de la Asociación Española de Terapia Narrativa, AETEN, nos regaló una conferencia a l’Associació de Psicòlogues i Psicòlegs de l’Anoia. La terapia narrativa postula que elegimos una historia, una narración, para explicar lo que somos. A esa historia se le llama historia dominante, y en función precisamente de ese dominio sobre todas las demás historias posibles, la dominante ejercerá una influencia poderosa sobre la persona. La historia dominante puede decir, por ejemplo, que yo soy una persona incapaz de ofrecer a los demás algo que a ellos les satisfaga, sea diversión, cariño o seguridad. Puesto que es dominante, me comportaré de acuerdo a tal historia, y creyéndome incapaz de ofrecer a los demás algo que les satisfaga, realmente dejaré de estar concentrado en ofrecérselo. Si tenemos en cuenta que conseguir algo que no es fácil, es decir, algo que merezca la pena, requiere de toda nuestra atención, el hecho de que ésta se vea invadida por expectativas de fracaso estimulará que el resultado sea precisamente un fracaso. Así, los resultados de mis acciones me confirmarán mi incapacidad para ofrecer a los demás algo que a ellos les satisfaga. De este modo, la historia dominante lo será más aún cada día.

¿Qué podemos hacer, entonces, para cambiar la historia dominante? La respuesta es cambiar las preguntas.

El mismo Carlos me explicaba, de regreso a su hotel, al que yo le acompañé al termino de la conferencia, y de una cena en el Bar Barcelona, sencilla en lo gastronómico pero rica en las historias que el público asistente a la conferencia, y que se sumo a la cena, compartimos con Carlos, que lo que él aprecia son las personas que le den no las respuestas adecuadas, sino las preguntas indicadas. Después ya se encargará él de buscar las respuestas.

Pues es una nueva pregunta la que puede propiciar una nueva respuesta. Y así, a la persona del ejemplo le podríamos preguntar: ¿Explícame cuando has podido dar a alguien algo que apreció? La respuesta será una excepción a la historia dominante, y esa excepción puede actuar de semilla que traiga a la palestra más excepciones, hasta que con el conjunto de esas excepciones podamos construir una historia alternativa.

Es tremendamente estimulante encontrar una alternativa a algo, pues esa alternativa amplia nuestras posibilidades, y nuestra visión de las cosas. Y también de las personas.

En el conflicto y el enfrentamiento es donde las historias dominantes más sofocan a las alternativas. En los divorcios traumáticos, por ejemplo, además de una historia dominante acerca de quién es uno mismo, cada parte tiene una historia dominante que explica quién es el o la ex. Estas últimas historias suelen tener un título que las resume perfectamente. Uno muy típico es: Mala persona.

No obstante, las historias alternativas nunca mueren. Siempre están disponibles si, a pesar de todo, hacemos las preguntas adecuadas. Y en el más turbulento de los conflictos pueden emerger si las estimulamos con el alimento que las fortalecerá, y las hará realmente una historia alternativa a la dominante. Ese alimento será la pregunta adecuada, como por ejemplo ¿Explícame cuando tu ex. es una buena persona?