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El lunes pasado trasladamos el aula a la cafetería. Teníamos clase del curso de Inteligencia Emocional, y por diversas circunstancias acabamos por no movernos del lugar en el que suelen quedar los alumnos para hacer un café antes de dirigirse al Institut Pehuén.

La primera de esas circunstancias fue que una alumna le envió al grupo de watsapp un video sobre un adolescente que se había suicidado, comentándome que le gustaría hablar sobre el tema. Como no todos lo querían hacer, quedamos en que los interesados lo hablaríamos tomándonos un café, fuera del aula. El video en cuestión muestra a un chico de 15 años explicando los motivos por los cuales se va a suicidar a continuación. Básicamente dice que ha sido muy feliz en esta vida, pero que quiere reencarnarse en otra persona para vivir otra vida todavía mejor. Lo que más me sorprende es la naturalidad con la que lo explica, como si suicidarse fuera una decisión más de las que uno debe tomar a lo largo del día. Está acompañado mientras da estas explicaciones, lo cual aún le da más naturalidad al asunto. Hablamos en la cafetería de muchas cosas en relación a este acontecimiento, pero una de las más importantes fue sobre la libertad, o no, que tenemos para disponer de nuestra vida como queramos, incluso para acabar con ella si así lo deseamos. Para decirlo brevemente, yo pienso que somos libres de vivir como queramos, pero no de morir como queramos. Hay quien dice que el que no le tiene miedo a la vida, tampoco se lo tendrá a la muerte, relacionando la manera cómo se vive con la manera cómo se muere. También se dice que el miedo a vivir es un suicidio cotidiano, queriendo decir que la verdadera muerte consiste en no vivir con plenitud, o al menos intentándolo hacer.

No quiero liar la troca, simplemente hacer constar lo inexorablemente unidas que están la vida y la muerte, y lo difícil que es entender la una sin tener en consideración a la otra, y viceversa. En el caso del video, creo que lo más punzante, lo más espeluznante, es el poco respeto que el adolescente le tenía a esta vida. Por los motivos que fueran nadie le había enseñado a amar la vida, o más bien dicho, a amar esta vida, ya que lo que más le motivaba a acabar con ella era el deseo de la reencarnación en otra mejor. Es posible que alguien sí le enseñara a amar otra hipotética vida. Es hasta muy probable. Pero por ningún rincón del video aparece rastro de amor hacía esta vida por parte del adolescente. Es como si esta vida no fuera más que un entretenimiento mientras llega la que vale la pena. Desde ese punto de vista, acabar con ella sería un acto que hasta podría ser considerado loable. Considerar la vida como un simple trámite es lo que hacen también en los templos religiosos, ¿no? aunque sí que es un detalle que en ellos nos alerten de que no hay atajos para llegar a la auténtica vida, y que suicidarse es hacer trampas, y que al tramposo no se le recompensará con ella. Esto es a lo más lejos que llega el catolicismo en lo que concierne a transmitirnos amor por esta vida.

A mí, a pesar de que el adolescente pide que divulguemos el video, pues parece querer transmitir que está ante un momento solemne que así lo demanda, paradójicamente me cuesta pensar en un acto de menor trascendencia. Estoy satisfecho con mi coche, pero me apetece uno mejor. Cámbiese en la frase anterior el nombre por cualquier otro: ordenador, vivienda, trabajo, ropa, etc. y estaremos ante un hecho muy cotidiano. Y ya puestos, ¿por qué detenernos hay?, ¿Por qué no buscar la satisfacción plena y pedir más? Si cambiamos el nombre para dejar la frase como sigue: Estoy satisfecho con mi pareja, pero me apetece una mejor, nos encontraremos también con una realidad muy habitual. Pero aún podemos ir un paso más allá, como hace el adolescente. Así, su frase: Estoy satisfecho con mi vida, pero me apetece una mejor, impacta pero no refleja para mi más que un acto de frivolidad consumista, llevada, eso sí, hasta el límite máximo.

Y todo porque al chico no le enseñaron a amar esta vida con toda su alma. Todo porque no le enseñaron a amar y a respetar lo que tenía, pues la vida es lo único que realmente tenemos y es nuestro de verdad, aunque sólo durante un tiempo. Le enseñaron, por el contrario, a amar y desear lo que no posee. Esa es en realidad la esencia del consumismo, por mucho que éste se pueda disfrazar, como intuyo que fue el caso, con inciensos y aromas espirituales: amarás aquello que no poseas, (y así alguien te lo podrá vender). A veces me pregunto si esa es la esencia, también, del ser humano.

Y todo porque el chico no se encontró con gente como el dibujante al que ayer entrevistaron en la sección Factoría Sensible, del programa que dirige Kílian Sebrià, y que creara el fallecido Joan Barril, otro amante de la vida, dicen. Este dibujante, que fue fundador de la revista El Jueves dijo: Cada mañana cuando me despierto, y por lo tanto constato que sigo vivo, pienso: Uff!! Qué bien. Lo demás es secundario.

Jose Fernández

p.d: Sé que el título del artículo no tiene nada que ver con lo que he hablado. Ello responde a qué quería hablar sobretodo del tema al que hace referencia el título, tras una breve mención del tema que ha acabado alargándose y monopolizando el escrito. Dejo el título original por pereza, por un lado, y como recordatorio de lo que quería hablar en realidad para la próxima vez que lo haga, por el otro.

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