En terapia de pareja encontramos situaciones como la del siguiente ejemplo. Martín desea a su mujer, que lo rechaza porque le tiene miedo y, ¿por qué no decirlo? asco. Él le recrimina que ella busca lo que él le podría dar en casa, afuera. Eso que tanto le gustaba antes que le diera, y que ahora no quiere. Los celos, siempre traicioneros, hacen ver lo que no hay. Cada uno de ellos se ha alejado del otro, Nuria para protegerse, y Martín llevado por su enfado y desilusión. Empieza a creer que no es lo suficientemente hombre si su mujer no lo desea como él a ella. La verdad es que su autoestima está muy ligada a su desempeño sexual, y como muchos hombres se expresa mejor en la cama que fuera de ella. Es donde se siente seguro y asertivo. A algunas mujeres les sucede lo mismo. Si no se puede expresar en la cama con esa asertividad, entonces se vuelve agresivo, y esa agresividad la vuelca tanto en Nuria como en sus dos hijos pequeños, a los que ella se ve obligada a proteger. Además de no sentirse hombre, no se siente padre. Su frustración le lleva a autocompadecerse, lo cual lo sume en una espiral destructiva hacia ella. Ella, además de mucho miedo, no tiene ninguna ilusión por vivir. Entonces acuden a terapia con la relación prácticamente rota.
Si la relación pudiera hablar, ¿qué es lo que os diría? Suelo empezar en la terapia de pareja. ¿Cuáles fueron los valores fundamentales sobre los que levantasteis vuestra relación? ¿Qué es lo que os atrajo a cada uno de vosotros del otro? ¿Qué os llevó a querer establecer una pareja con el o ella?, ¿Cómo se lo comunicasteis a vuestros padres? ¿Qué les dijisteis a papá y a mamá de la otra persona? ¿Por qué decidisteis tener un hijo con él o ella? Hablar de todo esto hace aflorar que la relación un día fue buena, y que se basaba sobre principios más o menos sólidos y nobles. Muchas veces estos principios no se explicitaron nunca, pues fueron sepultados por el enamoramiento y la fuerte atracción hacia la otra persona. Muchas veces se expresan con un simple “me encontraba a gusto con él/ella”, que no por ello deja de ser una poderosa motivación, la más poderosa probablemente.
Centrarse en todos estos aspectos fundacionales de la relación hace que emerja la Constitución de la pareja. Y si la Constitución es la ley fundacional de muchos estados, no está de más que se hable de ella en lo referente a la organización política fundamental: la familia. Porque cada pareja tiene unos principios fundacionales que constituyen su Constitución, aunque esta sea implícita y nunca se pusiera por escrito. Entonces se trata de explicitar lo implícito y ponerlo sobre la mesa, para constatar que parejas que vienen a terapia rotas como Martín y Nuria se están saltando su constitución constantemente, esa que se dieron el uno al otro.
En terapia de pareja yo le escribo una carta a la relación después de la primera visita, y les pido a cada miembro de la pareja que también lo haga. Nuria le dijo en su carta “ Tengo la tranquilidad de saber que lo he dado todo por salvarte, pero también sé que en el camino me he quedado vacía y que muchas veces me he sentido sola intentando revivirte. También es verdad que no he sabido establecer límites para mantenerte saludable. Sin querer me rendí, y me senté a mirar como morías tú y yo contigo”
En terapia de pareja, Martin le dijo en su carta a la relación “Te fundamentamos con mucho amor, respeto, admiración mutua, confianza, mucha complicidad y pasión(…) El tiempo se te consumió y yo quedé a un lado, sintiéndome poco valorado como hombre que únicamente tiene la función de aportar y proveer a casa lo material (…) Aceptar el rechazo no es fácil”
También es importante tener en consideración que hay muchos factores externos a la pareja que influyen en su bienestar. Tratamos de enfocarnos en ellos en la terapia de pareja. Cuando la relación está mal se suele responsabilizar al otro del malestar. No se percibe entonces que hay muchas otras variables ajenas a la relación que la erosionan: los respectivos trabajos con sus injusticias y exigencias; la sobreimplicación de las familias de origen, contaminado la relación si la pareja no sabe poner límites, o por el contrario, la ausencia de estas por completo, como cuando viven lejos y no pueden ayudar, hacer de tribu que educa; la ausencia de espacios personales donde cada miembro de la pareja se desarrolla y desarrolla sus pasiones individuales; etc.
A medio camino entre factor externo y interno está la mochila con que cada uno llega a la pareja. Tiene que ver con cómo lo educaron y cómo era la convivencia en las respectivas familias de origen. Por ejemplo, en la familia de Nuria nunca se hablaba de los conflictos, y la tendencia era a callar. Eso es lo que ha empezado a hacer cuando los valores fundacionales de su relación con Martín han ido marchitándose, dejándolo a él con un fuerte sentimiento de rechazo, que posiblemente proviene más de su propia mochila que del comportamiento de Nuria. En ese contexto han aparecido los celos. La comunicación agresiva de Martín desde ese lugar ha convertido a Nuria en más callada, fría y distante, si cabe.
Es importante señalar los factores externos y las mochilas que cada uno lleva a la relación, para que empiecen a calibrar con más exactitud la responsabilidad del otro en lo que les está ocurriendo, pues culpabilizarlo, además de nocivo, es inexacto. También para calibrar la propia responsabilidad, pues la mochila es algo de lo que no somos conscientes porque ha estado ahí prácticamente desde que nacimos y no la percibimos. En terapia de pareja nos focalizamos en estos factores que son ajenos a sus integrantes.
Por eso también el énfasis que pongo desde el primer momento de la terapia de pareja en darle la entidad que normalmente le es obviada a la relación. Esta no es ni el uno ni la otra, sino aquello que ambos construyen, o destruyen, en colaboración. Y como entidad tiene una existencia propia, de la que ambos son responsables, pero que es autónoma a ambos. Esto ayuda a crear perspectiva y distancia.
Nuria y Martín están empezando a realizar asambleas familiares con sus hijos para que cada uno exprese aquello que lleva dentro, y que ellos en sus respectivas familias de origen nunca pudieron expresar. La terapia de pareja tiene en cuenta estos factores.
Jose Fernández, psicólogo en Igualada Y Manresa