La relación entre cuerpo y emociones es más estrecha de lo que parece. Algunos cambios posturales sencillos pueden ayudarnos a aliviar momentos de tristeza, rabia o miedo.
Cuando estamos tristes solemos encorvarnos, bajar la mirada y respirar de forma superficial. En cambio, cuando nos sentimos seguros o animados, el cuerpo se abre, la espalda se estira y la respiración se vuelve más profunda.
Esta relación no es casual. El cuerpo y las emociones mantienen un diálogo continuo: lo que sentimos cambia nuestra postura, pero la postura también puede influir en cómo nos sentimos.
De hecho, algunos cambios sencillos en la posición del cuerpo pueden ayudar a aliviar momentáneamente ciertos estados emocionales intensos.
La relación entre postura y emociones
La relación entre el cuerpo y las emociones es bidireccional. Nuestros estados emocionales modifican la postura, la tensión muscular y la respiración. Pero también ocurre lo contrario: al cambiar la postura se modifica la tensión del cuerpo y la forma de respirar, y esto puede influir ligeramente en nuestro estado emocional.
Por este motivo, algunas contraposturas sencillas pueden ayudar a reducir la intensidad de determinadas emociones.
Tres ejemplos
TRISTEZA
La tristeza suele acompañarse de una postura encorvada: los hombros caen hacia delante, la mirada se dirige al suelo y la respiración se vuelve más superficial. Esta posición favorece los pensamientos negativos y rumiativos.
Si elevamos la mirada, estiramos la espalda y abrimos los brazos por encima de la cabeza, el pecho se expande y la respiración se vuelve más profunda. Este cambio puede interrumpir momentáneamente el bucle de pensamientos y generar una ligera sensación de alivio.

RABIA
Cuando sentimos rabia tendemos a tensar el cuerpo: los hombros se elevan, el cuello se encoge y las manos se contraen.
Bajar los hombros, separar ligeramente los brazos del cuerpo, abrir las manos y dejar salir el aire lentamente, como si resopláramos, puede ayudar a liberar parte de esa tensión y disminuir ligeramente el malestar.

MIEDO
Ante el miedo el cuerpo suele protegerse: los hombros se cierran hacia delante, la nuca se tensa y la respiración se acelera.
Una posible contrapostura consiste en entrelazar las manos por detrás de la espalda y estirar suavemente los brazos hacia abajo y hacia atrás mientras abrimos el pecho y elevamos ligeramente la mirada. Esto favorece una respiración más amplia y puede generar una pequeña sensación de distensión y confianza.

Un alivio momentáneo
Cambiar la postura puede ser útil cuando empezamos a sentir que una emoción nos desborda. A veces basta con reducir un poco la tensión corporal para recuperar algo de calma y afrontar la situación de forma más serena.
Sin embargo, no debemos esperar que el malestar desaparezca por completo. Las emociones suelen surgir como respuesta a una situación que interpretamos como problemática o amenazante. En ese sentido, la emoción nos está informando de algo importante.
Para qué sirven las emociones
Las emociones pueden aparecer al percibir una situación real, al recordar una experiencia pasada o al anticipar una situación futura. En todos los casos interviene la interpretación que hacemos de lo que ocurre.
Por eso las emociones cumplen una función importante: nos informan de nuestro estado frente al entorno y nos ayudan a adaptarnos a él.
Las emociones no desaparecen simplemente cambiando la postura, porque suelen tener una causa real. Pero a veces un pequeño cambio en el cuerpo puede darnos algo muy valioso: unos minutos de calma para pensar con mayor claridad.